Nuestro Padre Celestial, presentamos ante Ti los altares que hemos dispuesto para que tus siervos y siervas reciban sus bendiciones selladoras. Los dedicamos en el nombre del Señor Jesucristo a tu santísimo nombre, y te suplicamos que santifiques estos altares para que quienes vengan a ellos puedan sentir el poder del Espíritu Santo descansar sobre ellos y comprender la naturaleza sagrada de los convenios que contraen. Y te rogamos que tu Santo Espíritu dirija nuestros convenios y contratos que hagamos contigo y unos con otros, que los observemos sagradamente, y que Tú los aceptes, y que todos tus santos que vengan a estos altares realicen, en la mañana de la resurrección de los justos, todas las bendiciones pronunciadas.
Oh Señor, te suplicamos que bendigas y santifiques toda esta manzana o porción de terreno sobre el cual se levantan estos edificios, con los muros y cercos contiguos, las aceras, veredas y cuadros de jardín, también los árboles, plantas, flores y arbustos que crecen en su suelo; florezcan y lleguen a ser hermosos y fragantes en extremo; y more tu Espíritu en medio de todo ello, a fin de que esta porción de tierra sea un lugar de paz y descanso, para meditación santa y reflexión inspirada.
Preserva estos edificios, te rogamos, de daño o destrucción causados por las aguas o fuego; de la ira de los elementos, del golpe del vivo rayo, de la ráfaga destructora del huracán, las llamas de fuego consumidor y convulsiones de los terremotos, protégelos, oh Señor.
Te rogamos que bendigas, Padre Celestial, a todos los que sean obreros en esta casa. Recuerda continuamente a tu siervo que será nombrado para presidir dentro de sus muros; bendícelo ricamente con la prudencia del Santo, con el espíritu de su llamamiento, con el poder de su sacerdocio y el don de discernimiento. Bendice, de acuerdo con su llamamiento, a sus ayudantes y a todos los que se asocien con él en la efectuación de las ordenanzas: bautismos, confirmaciones, lavamientos, unciones, sellamientos, investiduras y ordenaciones que aquí se efectuarán, a fin de que todo lo que se haga sea santo y aceptable ante Ti, Dios de nuestra salvación. Bendice a los registradores y copiadores para que se conserven perfectos los registros del templo, sin omisiones y errores, para que también sean aceptados por Ti. Bendice en sus puestos correspondientes a los mecánicos, veladores, guardias y todos los demás que tengan algún deber que cumplir en relación con la casa, a fin de que lo realicen con la única mira de glorificarte.
Recuerda también en tu misericordia a todos los que han trabajado en la edificación de esta casa o que en manera alguna, con sus medios o influencia, han ayudado a que se termine; en ninguna manera pierdan ellos su recompensa.
O Dios de nuestros padres, Abraham, Isaac y Jacob, cuyo Dios te deleitas en ser llamado, te damos gracias con todo el fervor de gratitud desbordante, porque has revelado los poderes mediante los cuales se está volviendo el corazón de los hijos a sus padres y el corazón de los padres a los hijos, a fin de que los hijos de los hombres en todas sus generaciones puedan ser hechos partícipes de la gloria y gozo del reino de los cielos. Te pedimos que confirmes sobre nosotros el espíritu de Elías, a fin de que podamos redimir a nuestros muertos y también unirnos a nuestros padres que han pasado allende el velo y además, sellar a nuestros muertos para que salgan en la primera resurrección, a fin de que quienes moremos en la tierra podamos ser ligados a los que moran en los cielos. Te damos las gracias por parte de aquellos que han terminado su obra en el estado terrenal, así como por parte nuestra, porque se han abierto las puertas de las prisiones y se ha proclamado libertad a los cautivos y se han disuelto las ligaduras de los que estaban atados. Te alabamos porque nuestros padres, desde el postrero hasta el primero, desde ahora y hasta el principio, pueden ser unidos a nosotros con vínculos indisolubles, forjados por el santo sacerdocio, y como una gran familia unida en Ti y ligada por tu poder, podremos estar ante Ti juntamente, y por el poder de la sangre expiatoria de tu Hijo ser librados de todo mal, ser salvos y santificados, exaltados y glorificados. Dígnate permitir, también, que nos visiten santos mensajeros dentro de estas sagradas paredes y nos hagan saber lo concerniente a la obra que debemos efectuar en bien de nuestros muertos. Y así como has inclinado el corazón de muchos que aún no han hecho convenio contigo, a buscar a sus progenitores, y de esta manera han descubierto los antecesores de muchos de tus santos, te rogamos que aumentes este deseo en su pecho, a fin de que con ello puedan ayudar en la realización de tu obra. Te suplicamos que los bendigas en sus obras, para que no cometan errores al preparar sus genealogías; y además, te pedimos que abras delante de ellos nuevas vías de información y coloques en sus manos registros de lo pasado, a fin de que su obra no sólo sea exacta, sino también completa.
Oh gran Padre de los espíritus de toda carne, bendice y habilita en forma completa por tu gracia a aquellos sobre quienes has conferido una porción de tu autoridad, y quienes llevan las responsabilidades y poderes del sacerdocio que es según el orden de tu Hijo. Bendícelos a todos, desde el primero hasta el último que ha sido ordenado con el oficio de diácono. Sobre cada uno y todos confiere el espíritu de su llamamiento, con una comprensión de sus deberes y un celo amoroso de cumplirlos. Dótalos con fe, paciencia y entendimiento. Permite que sus vidas sean fuertes en cuanto a la virtud y sean adornadas con la humildad; que sea eficaz su ministerio, válidas sus oraciones y sean sus enseñanzas el camino a la salvación. Sean unidos por el Espíritu y poder de Dios en todas sus obras, y en todo pensamiento, palabra y hecho glorifiquen tu nombre y justifiquen la prudencia que los ha constituido en reyes y sacerdotes a Ti.
Por tus siervos de la Primera Presidencia de la Iglesia oramos primeramente. Revela, con gran claridad, tu parecer y voluntad a ellos en todas las cosas esenciales para el bienestar de tu pueblo; dales prudencia celestial, fe abundante y la facultad y dones necesarios para permitirles presidir aceptablemente delante de Ti a los oficiales y miembros de tu Iglesia. Recuerda en tu amor a tu siervo que has llamado para ser un Profeta, Vidente y Revelador a todo el género humano, cuyos días han sido muchos sobre la tierra; sin embargo, extiende su vida terrenal, te rogamos, y concédele en forma completa todos los poderes y dones del oficio que Tú le has conferido; y en igual manera bendice a los que con él se asocian en la presidencia de tu Iglesia.
Confiere sobre tus siervos, los Doce Apóstoles, una rica investidura de tu Espíritu. Bajo su dirección extiéndase el evangelio del reino a todo el mundo, para que sea predicado a toda nación, tribu, lengua y pueblo, a fin de que los de corazón sincero en todo país puedan oír las buenas nuevas de gozo y salvación. Te pedimos que predomines en medio de los gobiernos de la tierra para que sean quitadas las barreras que hoy impiden la difusión de tus verdades, y se conceda la libertad de conciencia a todos los pueblos.
Recuerda en tu bondad amorosa a tus siervos los patriarcas. Permite que abunden en bendiciones para tu pueblo Israel; que lleven consigo las semillas de consuelo y alivio, de ánimo y bendición. Llénalos con el Santo Espíritu de la promesa y deléitate indulgentemente en dar cumplimiento a sus palabras de profecía, a fin de que tu nombre sea enaltecido por el pueblo de tu Iglesia, y sea fortalecida cada vez más su fe en Ti y en las promesas de tus siervos ministrantes.
Con tus siervos de los Doce, bendice a sus compañeros, los Setentas; concede que sean potentes en la predicación de tu palabra y en llevarla a los cuatro cabos de la tierra. Abrase un camino cada vez más amplio delante de ellos hasta que hayan izado el estandarte del evangelio en toda tierra y proclamado sus verdades salvadoras en toda lengua, a fin de que todas las islas y continentes se regocijen en el testimonio de la gran obra que en estos postreros días Tú estás realizando en la tierra.
Bendice abundantemente, oh Señor, a los sumos sacerdotes en todos los diversos deberes y posiciones a los cuales los has llamado.
Como ministros residentes de tu palabra en el número creciente de estacas de Sión, bendícelos ricamente con el espíritu de su alto llamamiento. Como presidentes, consejeros, obispos, miembros de los sumos consejos y en todo otro cargo que su sacerdocio les da derecho de ocupar, sean ellos ministros justos de tu santa ley, padres amorosos del pueblo; y como jueces en medio de tus santos, impartan ellos juicios rectos e imparciales, templados por la misericordia y el amor.
En igual manera, en sus respectivos llamamientos, confiere preciosos dones de sabiduría, fe y conocimiento a tus siervos, los élderes, presbíteros, maestros y diáconos, a fin de que todos cumplan diligentemente su parte en las gloriosas obras que has puesto sobre tu sacerdocio.
No olvides, te rogamos, a tus siervos los misioneros, los cuales están proclamando las verdades salvadoras que Tú has revelado para la redención del hombre, a los millones que hoy yacen en las sombras de una densa obscuridad espiritual. Presérvalos de todo mal, líbralos de la violencia de los populachos; no les haga falta ninguna cosa buena, sino sean grandemente bendecidos con los dones y poderes de su ministerio. Acuérdate también de sus familias, a fin de que sean sostenidas y consoladas por Ti, y tus santos las estimen y atiendan.
Te rogamos por los miembros de tu santa Iglesia en todo el mundo, para que tu pueblo a tal grado sea guiado y gobernado por Ti, que todos los que profesan ser y se llaman santos sean preservados en la unidad de la fe, en la vía de la verdad, en los lazos de la paz y en santidad de vida. Te pedimos que fortalezcas a los débiles e impartas tu Espíritu a todos.
Padre nuestro, exista la paz en todos los hogares de tus santos; protéjanlos ángeles santos; circúndalos con los brazos de tu amor; favorézcalos la prosperidad y sea alejado de ellos el tentador y destructor. Alárguense en justicia los días de tu pueblo del convenio y sea rechazada de en medio de ellos la dolencia y la enfermedad. Sea hecha fructífera, por tu gracia, la tierra que habitan, aumenten sus aguas y sea templado el clima para la comodidad y necesidades de tu pueblo; apártense las sequías, las tempestades destructoras, ciclones y huracanes, y nunca perturben los terremotos la tierra que Tú nos has dado. No permitas que la langosta, la oruga y otros insectos destruyan nuestras hortalizas y asolen nuestros campos; antes seamos un pueblo bendecido por Ti en nuestro cuerpo y espíritu, en nuestros hogares y habitaciones, en nuestros hatos y rebaños, en nosotros mismos y en nuestra prosperidad, y en todas las cosas sobre las cuales nos has puesto por mayordomos.
Ahora te rogamos por la juventud de Sión, los hijos de tu pueblo; dótalos ricamente con el espíritu de fe y rectitud, y con un amor cada vez más grande hacia Ti y tu ley. Prospera todas las instituciones que Tú has establecido en medio de nosotros para el bienestar de ellos. Concede a las escuelas de nuestra Iglesia una fuerza cada día mayor para efectuar el bien. Domine tu Santo Espíritu las enseñanzas allí impartidas, y también gobierne el corazón e ilumine la mente de los alumnos. Bendice maravillosamente a tus siervos, el superintendente general y todos los directores, maestros y otros oficiales, y también a los que constituyen la Mesa General de Educación en tu Iglesia. Recuerda igualmente en tu bondad amorosa a las Escuelas Dominicales con todos aquellos que pertenecen a ella, bien como maestros o alumnos; extiéndase y profundícese la influencia de la instrucción allí dada para tu gloria y la salvación de tus hijos, hasta el día perfecto. Bendice a los miembros de la Mesa General de la Unión Deseret de Escuelas Dominicales con la prudencia necesaria para el debido cumplimiento de sus deberes, y la realización de los propósitos para los cuales se formó dicha mesa.
También presentamos ante Ti a las Asociaciones de Mejoramiento Mutuo de Hombres y de Mujeres Jóvenes, con todos sus oficiales, generales y locales, y los miembros. Sean prosperados por Ti; aumente el número de sus miembros y ensánchese cada año sucesivo el bien que llevan a cabo. También solicitamos tu constante bendición y cuidado orientador para las Primarias y las Clases de Religión; derrámese el espíritu de instrucción sobre los presidentes y oficiales y maestros asociados. Consérvense a la par el resto de los establecimientos docentes de tu Iglesia, a fin de que desde sus tiernos años nuestros hijos se críen diligentemente en las vías del Señor y sea magnificado tu nombre mediante su crecimiento en virtud e inteligencia.
Tampoco deseamos olvidar, oh Señor, a las clases de enseñanza normal entre el pueblo, bien sea que estas clases se relacionen con las escuelas de la Iglesia, las Asociaciones de Mejoramiento Mutuo o las Escuelas Dominicales. Permite que estas clases sean el medio de extender la educación verdadera por todas las fronteras de los santos, formando un cuerpo de maestros no sólo dotados de inteligencia extraordinaria, sino también llenos del espíritu del evangelio, potentes en el testimonio de la verdad y en inculcar el amor hacia Ti y tus obras en el corazón de todos aquellos a quienes instruyen.
Deseamos recordar ante Ti, oh Señor, las Sociedades de Socorro con todos sus miembros, y a todos los que presiden en medio de ellas, de acuerdo con sus llamamientos y nombramientos, generales o locales. Bendice a las maestras en sus obras de misericordia y caridad, las que, como ángeles ministrantes, visitan las casas de los enfermos y necesitados, llevando socorro, consuelo y alivio a los desafortunados y acongojados. Y bendice, te rogamos, muy misericordioso Padre, a los pobres entre tu pueblo, para que el clamor de la necesidad y el sufrimiento no ascienda hacia Ti desde en medio de tus santos, a quienes has bendecido abundantemente con las comodidades de este mundo. Prepara nuevos medios con los cuales los necesitados puedan lograr un sostén mediante el trabajo honrado, y también inclina el corazón de aquellos que han sido bendecidos más abundantemente, para que den generosamente de sus bienes a sus hermanos y hermanas, en este respecto menos favorecidos, para que Tú no tengas motivo de reprendernos por descuidar aun al más pequeño de entre tu pueblo del convenio.
Oh Dios de Israel, te suplicamos que vuelvas tu faz con bondad amorosa hacia tu pueblo afligido de la casa de Judá. Oh, líbralos de aquellos que los oprimen. Sana sus heridas, consuela sus corazones, fortalece sus pies y dales ministros según tu propio corazón, quienes los conducirán por tus vías como en la antigüedad. Cesen pronto los días de su tribulación, y plántalos en los valles y llanuras de su antigua morada; y regocíjese Jerusalén y alégrese Judea por la multitud de sus hijos e hijas, por la dulce voz de niños en sus calles y el rico derramamiento de tus misericordias salvadoras sobre ellos. No doble Israel por más tiempo la cabeza, ni doblegue el cuello ante el opresor. Fortalézcanse sus pies en los collados eternos, para que nunca más sean desterrados de ellos con violencia, y sean tuyas la honra y la gloria.
Recuerda con igual misericordia al remanente menguante de la casa de Israel, descendientes de tu siervo Lehi. Te suplicamos que los restaures a tu gracia de antaño; cumple en su totalidad las promesas hechas a sus padres y conviértelos en una raza blanca y deleitable, un pueblo amado y santo como en días anteriores. Aproxímese también el tiempo en que Tú recogerás a los dispersados de Israel de las islas del mar y de toda tierra donde los has esparcido, y a las diez tribus de Jacob de su lugar escondido en el norte, y restáuralos a una comunión y confraternidad con sus parientes de la simiente de Abraham.
Te damos gracias, oh Dios de Israel, porque levantaste a hombres patrióticos para establecer los cimientos de este gran gobierno americano. Los inspiraste a redactar una buena constitución y leyes que garantizan a todos los habitantes del país iguales derechos y privilegios de adorarte de acuerdo con los dictados de su propia conciencia. Bendice a los oficiales, tanto judiciales como ejecutivos. Confiere abundantes favores sobre el Presidente, su gabinete y el congreso. Iluminados y orientados por tu Espíritu, mantengan y sostengan ellos los principios gloriosos de la libertad humana. Nuestro corazón está lleno de agradecimiento a Ti, nuestro Padre Celestial, por tu bondad para con nosotros en ablandar el corazón del Presidente de nuestro país para que concediera una amnistía general; porque has quitado el prejuicio y la mala comprensión de los pensamientos de muchos de los de este pueblo concernientes a nosotros y nuestros propósitos, y ahora están dispuestos a tratarnos como conciudadanos y no como enemigos. En esta santa casa nos sentimos constreñidos a darte la gloria por ello, y humildemente te pedimos que aumentes este sentimiento en su corazón. Permíteles vernos como verdaderamente somos. Muéstrales que somos sus amigos, que amamos la libertad y que trabajaremos con ellos para sostenerlos derechos del pueblo, la constitución y las leyes de nuestro país; y danos a nosotros y a nuestros hijos una disposición cada vez mayor de ser siempre leales y hacer todo lo que esté dentro de Muestro poder para sostener los derechos constitucionales y la libertad de todos, dentro de los confines de esta gran República.
Recuerda en tu misericordia, oh Señor, a los reyes y príncipes, los nobles, los que rigen, los gobernadores y los grandes de la tierra, e igualmente a todos los pobres, los afligidos y los oprimidos, por cierto, a todo pueblo, a fin de que su corazón sea enternecido cuando salgan tus siervos a dar testimonio de tu nombre, para que sus prejuicios sean vencidos por la verdad y tu pueblo halle gracia en sus ojos. Dirige en tal forma los asuntos de las naciones de la tierra, que quede preparado el camino para la inauguración de un reinado de justicia y de verdad. Deseamos ver que la libertad se extienda por toda la tierra, que cese la opresión, que sea deshecho el yugo del tirano y sea derrocada toda forma despótica de gobierno con las cuales tus hijos son degradados y subyugados, y se les impide disfrutar de su parte de las bendiciones de la tierra, la cual Tú has creado para su habitación.
Oh Dios Padre Eterno, Tú sabes todas las cosas. Has visto el curso que tu pueblo ha tenido necesidad de tomar en asuntos políticos. En muchos
casos se han adherido a los grandes partidos nacionales. Se han realizado campañas, se han efectuado elecciones y se han acalorado los ánimos entre los adeptos de ambos partidos. Se dijeron y se hicieron muchas cosas que han ofendido los sentimientos de los humildes y los mansos, y han sido causa de ofensa. Te suplicamos, en tu infinita misericordia y bondad, que perdones a tu pueblo por los pecados cometidos en este respecto. Muéstrales, oh Padre, sus faltas y sus errores, para que los examinen a la luz .del Espíritu Santo, y se arrepientan verdadera y sinceramente, y cultiven ese espíritu de cariño y amor que Tú deseas que todos los hijos de los hombres sientan el uno hacia el otro, y que tus santos, más que todos los demás, deben atesorar. Permite que en lo futuro tu pueblo evite los rencores y disputas, y en las discusiones políticas se refrene de palabras y hechos que provoquen sentimientos y ofendan a tu Santo Espíritu.
Padre Celestial, cuando tu pueblo no tenga la oportunidad de entrar en esta santa casa para ofrendarte sus súplicas, y se encuentren oprimidos y en medio de dificultades, rodeados de problemas o acosados por la tentación, y vuelven su faz hacia esta tu santa casa, y te piden que los libres, que los ayudes, que se extienda tu poder en bien de ellos, te rogamos que desde tu santa habitación los mires con misericordia y tierna compasión, y escuches su clamor. O cuando los hijos de tu pueblo, en años venideros, sean separados de este sitio, por causa alguna, y su corazón, recordando tus promesas, se vuelva a este santo templo y clamen a Ti, desde el fondo de su aflicción y tristeza, que les des alivio y socorro, humildemente te suplicamos que tu oído se incline a ellos con misericordia; que escuches su voz y les concedas las bendiciones que piden.
Padre Todopoderoso, aumenta dentro de nosotros los poderes de esa fe que ha sido entregada a tus santos y que ellos poseen. Fortalécenos con los recuerdos de las gloriosas liberaciones de lo pasado, con el recuerdo de los sagrados convenios que has hecho con nosotros, para que al sobrevenirnos la maldad, cuando la dificultad nos rodee, cuando pasemos por el valle de la humillación, no desmayemos, no dudemos, sino con la fuerza de tu santo nombre podamos realizar todos tus justos propósitos concernientes a nosotros, cumplir la medida de nuestra creación y triunfar gloriosamente, por tu gracia, de todo pecado que nos acometa, ser redimidos de todo mal y en el reino de los cielos ser contados entre aquellos que morarán en tu presencia para siempre.
Y ahora, nuestro Padre, te bendecimos, te alabamos, te glorificamos, te adoramos, día tras día te magnificamos y te damos gracias por tu gran bondad hacia nosotros, tus hijos; y te rogamos, en el nombre de tu Hijo Jesucristo, nuestro Salvador, que escuches nuestras humildes peticiones y nos respondas desde el cielo, tu santa morada, donde te sientas sobre tu trono en gloria, poder, majestad y dominio, y con una infinitud de poder que nosotros, tus criaturas mortales, no podemos imaginar, mucho menos comprender. Amén y Amén.
Todos los que asistieron a los servicios dedicatorios la mañana del 6 de abril de 1893 recuerdan el impresionante aspecto del día. El cielo estaba nublado y amenazante, y poco antes de la hora para comenzar, se soltó un recio viento del noroeste. Aumentó la velocidad del viento hasta llegar a ser un verdadero huracán, y durante toda la sesión de la mañana efectivamente parecía que el príncipe del aire tenía completo dominio; pero el contraste con la tormenta y estruendo exteriores hizo más impresionante la paz y serenidad de la asamblea.
Se había instalado un órgano de buen tamaño en la sala de asambleas, y se utilizó para acompañar al coro de voces selectas que presentaron las antífonas e himnos especialmente compuestos para la ocasión. La parte esencial y característica del servicio fue, por supuesto, la oración dedicatoria, a la cual acompañaron breves discursos de los oficiales de la Iglesia. En la primera sesión, cada uno de los miembros de la Primera Presidencia presentó un discurso que abundaba en promesas y profecías. Durante todo el servicio prevaleció el solemne refrán, expresado en cantos, sermones y oraciones:
“La Casa del Señor está terminada.”
Notas
1 Véase Contributor, tomo XIV: núm. 6; abril de 1893, pág. 248. 2 Véase Antigüedades Judías, por Josefo, Libro XV, .11:3. 3 Véase The Story of Mormonism, del autor, págs. 63-81. 4 Para una descripción de esta temprana empresa, véase un artículo admirable, “The Salt Lake Temple”, por James H. Anderson, en The Contributor, tomo XIV, núm. 6, de abril de 1893. El artículo contiene mucha información detallada concerniente a la erección del gran templo. 5 Véase Deseret News, Salt Lake City, 17 de agosto de 1854. 6 Véase Millenial Star, Liverpool, tomo 16, pág. 753. El Illustrated London News del 13 de junio de 1857 contiene un artículo intitulado “Mormon Temple in Salt Lake City” (Templo Mormón en Salt Lake City) en el cual se dan muchos de los detalles de la construcción. En relación con el texto aparece un grabado de madera de buen tamaño del gran edificio propuesto y dicha ilustración es una representación verdadera del edificio terminado exceptuando los detalles de las torres y pináculos. 7 Como ejemplo de estas diversas asignaciones y como muestra de un llamado directo a las varias organizaciones dentro de la Iglesia, véase la carta circular expedida en 1876 por la autoridad de la Primera Presidencia y el Consejo de los Doce Apóstoles, dirigida a los élderes, setentas y sumos sacerdotes. Dicha carta aparece en el Contributor, tomo XIV, págs. 267-268. 8 Véase Apocalipsis 14:6, 7; también Perla de Gran Precio, Escritos de José Smith 11, 30-48. 9 Véase El Libro de Mormón, 1 Nefi 3:7. 10 La epístola en su totalidad aparece en Contributor, tomo XIV, págs. 280-281.





