Capítulo 6 Sección D

Los últimos detalles del interior del edificio se terminaron la tarde del 5 de abril, y al anochecer de ese día se abrieron las puertas del templo para una inspección general. No sólo se admitió a los miembros de la Iglesia, sino que se invitó a muchos hombres y mujeres honorables que jamás se habían afiliado con la Iglesia, poco más de mil en número, y recorrieron el edificio desde el piso subterráneo hasta el último. En vista de la creencia actual de que los templos de los Santos de los Últimos Días no son para los ojos del no miembro, el hecho anterior cobra importancia significativa.

La mañana del 6 de abril de 1893, Wilford Woodruff, Presidente de la Iglesia, fue el primero en pasar al recinto sagrado por la puerta del sudoeste. El acontecimiento ha sido comparado, y no ineptamente, con la ocasión en que Josué condujo a Israel a la tierra prometida. Tras el venerable presidente pasó el resto de las autoridades generales de la Iglesia, seguidas a su vez por otros oficiales de la Iglesia y los miembros especialmente designados para tomar parte en el primer servicio dedicatorio. De las decenas de millares de miembros que deseaban estar presentes, que tenían todo derecho al privilegio de asistir, que habían contribuido con sus medios para la edificación del mayor de los templos de la época moderna, fueron pocos los que lograron entrar el día de la dedicación. En la sala de asambleas, que con sus vestuarios ocupa todo el piso superior, se habían dispuesto asientos para dos mil doscientas cincuenta y dos personas. Por tanto, se hicieron arreglos para repetir los servicios dos veces al día, continuando desde el 6 de abril, hasta que todos los que tenían derecho de ser admitidos hubieran tenido la oportunidad de estar presentes.

El primer día se admitió a los siguientes para participar en la que siempre será conocida como la sesión dedicatoria oficial: La Primera Presidencia, el Consejo de los Doce Apóstoles, el Patriarca Presidente, el Primer Consejo de los Setenta, el Obispado Presidente y todas las demás autoridades generales de la Iglesia; y aparte de éstos, a los presidentes de estaca y sus consejeros, miembros de los sumos consejos de estaca, patriarcas, presidentes de quórumes de sumos sacerdotes y sus consejeros, presidentes de quórumes de setentas, obispos de barrio y sus consejeros. La invitación se extendió a las esposas y familias inmediatas de todos los oficiales de la Iglesia mencionados. La entrada a las sesiones posteriores se dispuso de tal manera que a cada barrio y estaca le fue designado su tiempo particular.

A nadie le fue permitido entrar sin un certificado formal-comúnmente conocido como “recomendación “firmado por el obispo de su barrio y presidente de su estaca. En un circular que daba instrucciones relacionadas con la dedicación, aparece lo siguiente: “Será necesario que todo visitante muestre su recomendación al portero, a fin de poder entrar. Dentro de la puerta un boletero recogerá la recomendación. A nadie se admitirá sin recomendación en ninguna ocasión.” Diariamente se verificaron servicios desde el 6 hasta el 18 de abril inclusive, y nuevamente los días 23 y 24. Usualmente se realizaban dos sesiones al día, pero el 7 de abril se agregó una sesión nocturna. Aunque a los niños menores de ocho años, y por consiguiente, sin bautizar, no se les admitió a las sesiones generales, fueron reservados días especiales para ellos; así que se reservaron los días 21 y 22 de abril, viernes y sábado, para los niños de la Escuela Dominical que no habían llegado a la edad prescrita para el bautismo.

En el primer servicio, o sea la dedicación oficial, el presidente Wilford Woodruff ofreció la oración, que también se leyó en cada sesión subsiguiente. Es a la vez un sermón y una súplica; expresa los más profundos sentimientos del pueblo; constituye un epítome de la historia de los miembros y de la condición de la Iglesia en esa época.

Sigue la oración en su totalidad:

Nuestro Padre que estás en los cielos, Tú que has creado los cielos y la tierra y todas las cosas que en ellos hay; gloriosísimo Ser, perfecto en misericordia, amor y verdad, nosotros, tus hijos, venimos ante Ti este día, y en esta casa que hemos levantado a tu santísimo nombre, humildemente suplicamos la sangre expiatoria de tu Hijo Unigénito, a fin de que nuestros pecados nunca más se tengan en memoria contra nosotros, sino que nuestras oraciones puedan ascender a Ti y llegar sin impedimento a tu trono, para que seamos escuchados en tu santa habitación. Complácete por tu gracia en atender a nuestras peticiones, en contestarlas de acuerdo con tu infinita sabiduría y amor, y concede que nos sean conferidas las bendiciones que buscamos, aun cien tantos, por cuanto intentamos con pureza de corazón e integridad de propósito hacer tu voluntad y glorificar tu nombre.

Te damos gracias, oh gran Elohim, porque levantaste a tu siervo José Smith por los lomos de Abraham, Isaac y Jacob, y lo pusiste por Profeta, Vidente y Revelador, y con la ayuda y ministraciones de ángeles celestiales, lo habilitaste para sacar a luz el Libro de Mormón-el palo de José en la mano de Efraín-como cumplimiento de las profecías de Isaías y otros profetas, y el cual se ha traducido y publicado en muchos idiomas. También te damos las gracias, nuestro Padre que estás en los cielos, porque inspiraste a tu siervo y le diste poder para organizar tu Iglesia en este buen país, en toda su plenitud, poder y gloria, con apóstoles, profetas, pastores y maestros, con todos los dones y gracias correspondientes, y todo esto por el poder del Sacerdocio Aarónico y de Melquisedec que Tú le conferiste por el ministerio de ángeles santos que tuvieron ese sacerdocio en los días del Salvador. Gracias te damos, nuestro Dios, por haber permitido que tu siervo José edificara dos templos, en los cuales se administraron ordenanzas por los vivos y los muertos; y porque también vivió para enviar el evangelio a las naciones de la tierra y a las islas del mar, y trabajó extremadamente hasta que fue martirizado por la palabra de Dios y el testimonio de Jesucristo.

También te damos gracias, oh Padre Celestial, porque levantaste a tu siervo Brigham Young, el cual tuvo las llaves de tu sacerdocio en la tierra por muchos años, y condujo a tu pueblo a estos valles de las montañas, y estableció la piedra del ángulo de este gran templo y la dedicó a Ti, y dirigió la construcción de tres templos más en estas Montañas Rocosas, los cuales han sido dedicados a tu santo nombre, y en los cuales muchos miles de los vivos han sido bendecidos y los muertos redimidos.

Nuestro Padre Celestial, también estamos agradecidos por tu siervo John Taylor, que siguió en los pasos de tu siervo Brigham hasta que entregó su vida en el exilio.

Tú has llamado a tus siervos Wilford Woodruff, George Q. Cannon y Joseph F. Smith para poseer las llaves de la presidencia del sacerdocio actualmente, y por estos pastores de tu redil nos sentimos constreñidos a darte gracias y alabanzas. Tu siervo Wilford no puede menos que reconocer tu mano, oh Padre, en la preservación de su vida desde la hora de su nacimiento hasta el día de hoy. Nada sino tu poder pudo haberlo preservado en lo que ha tenido que pasar durante los ochenta.y seis años que Tú le has concedido vivir en la tierra.

Por haber levantado a los Doce Apóstoles también te damos las gracias, Dios nuestro, y por la unión perfecta que entre nosotros existe.

Te damos gracias, oh Señor, por las organizaciones perfectas de tu Iglesia cual existen en la actualidad.

Oh Señor, contemplamos con intensos e inefables sentimientos la terminación de esta casa sagrada. Dígnate aceptar éste, el cuarto templo que tus hijos del convenio con tu ayuda han erigido en estas montañas. En edades pasadas inspiraste con tu Santo Espíritu a tus siervos los profetas, a hablar de un tiempo en los postreros días cuando el monte de la casa de Jehová sería confirmado como cabeza de los montes y exaltado sobre los collados. Te damos gracias por haber tenido la gloriosa oportunidad de contribuir al cumplimiento de estas visiones de tus videntes antiguos, y porque has condescendido permitimos tomar parte en la gran obra. Y así como esta porción de las palabras de tus siervos se ha realizado tan maravillosamente, te rogamos, con fe aumentada y esperanza renovada, que todas sus palabras concernientes a tu gran obra de recoger a tu Israel y edificar tu reino sobre la tierra en los últimos días se cumplan con igual amplitud, y rápidamente, oh Señor.

Venimos ante Ti con gozo y acción de gracias, con espíritus jubilantes y corazones llenos de alabanza, porque nos has permitido ver este día que hemos esperado durante estos cuarenta años, y por el cual hemos trabajado y orado, en que podemos dedicarte esta casa que hemos edificado a tu gloriosísimo nombre. Hace un año colocamos la piedra de remate con exclamaciones de Hosanna a Dios y al Cordero. Y hoy te dedicamos la obra completa, con todas sus pertenencias, a fin de que sea santa a tus ojos; para que sea una casa de oración, una casa de alabanza y adoración; para que tu gloria descanse sobre ella; para que tu santa presencia esté en ella continuamente; para que sea la morada de tu muy amado Hijo, nuestro Salvador; para que los ángeles que están delante de tu faz sean los santos mensajeros que la visitarán, comunicándonos tus deseos y tu voluntad, a fin de que sea santificada y consagrada en todas sus partes como casa santa a Ti, el Dios de Israel, el Rey Omnipotente del género humano. Y te rogamos que todos los que pasen por el umbral de ésta tu casa, sientan tu poder y se vean constreñidos a reconocer que Tú la has santificado, que es tu casa, el lugar de tu santidad.

Te suplicamos, Padre Celestial, que aceptes este edificio en todas sus partes, desde sus cimientos hasta su coronamiento, con la estatua que allí se ha colocado, y todos los pináculos y otros ornamentos que adornan su exterior. Te rogamos que bendigas, para que no se deterioren, todas las paredes, divisiones, pisos, cielos, techos y tirantes, los ascensores, escaleras, barandillas y escalones, los marcos, puertas, ventanas y otras aperturas, todas las cosas relacionadas con la luz, calefacción y equipo sanitario, las calderas, las máquinas y dinamos, la tubería y alambres, las lámparas y quemadores, y todos los utensilios, muebles y artículos que se usan en las santas ordenanzas administradas en esta casa o en relación con ellas, los velos y los altares, la pila bautismal y los bueyes sobre los cuales descansa, y todo lo relacionado con ella, los baños, lavabos y fuentes. También las cajas de seguridad y bóvedas en las cuales se preservan los registros, incluso los registros mismos, y todos los libros, documentos y papeles pertenecientes a la oficina del registrador, igualmente la biblioteca con todos los libros, mapas, instrumentos, etc. que allí corresponden. También presentamos ante Ti, para tu aceptación, todos los anexos y edificios que no forman parte de la casa principal, pero que son accesorios; y te rogamos que bendigas todos los muebles, asientos, almohadas, cortinas, ornamentos, candados y cerraduras y la multitud de otros utensilios y pertenencias que se encuentran en este templo y sus anexos, con toda su obra de ornamentación, la pintura y el emplasto, la doradura y bronceado, la obra fina de madera y metal de toda clase, los bordados y labores, los retratos y estatuas, la obra tallada y doseles. También los materiales con los cuales se ha construido el edificio y su contenido -la piedra, cal, argamasa y emplasto, las vigas y latilla, la madera de varios árboles, el oro y plata, el bronce, el hierro y todos los demás metales, la seda, lana, algodón, las pieles y saleas, el vidrio, loza y piedras preciosas, todas éstas y todo lo demás que hay en este lugar, humildemente presentamos para tu aceptación y bendición santificante.

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