A raíz de su expulsión de Misurí, los refugiados “mormones” volvieron la cara hacia el este, cruzaron el Misisipí y se establecieron en la poca conocida aldea de Commerce, condado de Hancock, Illinois, así como en sus alrededores. Nuevamente el pueblo demostró su maravillosa facultad recuperativa, y sin dilación o titubeo se empeñaron en establecer nuevas casas y un templo. Ya para los primeros días de junio de 1839 estaban construyendo casas, y en breve el poblado se convirtió en ciudad. A esta nueva morada los miembros dieron el nombre de Nauvoo, que para ellos significaba todo lo que el nombre de Ciudad Hermosa podía representar. Quedaba a pocos kilómetros de Quincy, en un recodo del majestuoso río, así que por tres de sus lados la ciudad estaba rodeada de agua. Parecía estar guarecida allí, como si el Padre de las Aguas la estuviera circundando con su potente brazo.25
El mejor y el más apropiado de los solares dentro de los límites de la ciudad, cual se había trazado, se escogió, compró y reservó debidamente como el terreno para el templo. Se colocaron las piedras angulares el 6 de abril de 1841, el día que la Iglesia cumplió el undécimo año de su turbulenta pero a la vez progresiva carrera. En las ceremonias del día tomó parte sobresaliente la Legión de Nauvoo – cuerpo de milicia organizado de acuerdo con las leyes de Illinois – y también participaron dos compañías de voluntarios del Territorio de Iowa.26 Se colocó en su lugar la piedra de la esquina sudeste bajo la dirección de la Primera Presidencia, y sobre ella el Presidente pronunció la siguiente bendición:
Esta, la principal piedra angular en representación de la Primera Presidencia, ahora se coloca debidamente en honor del Gran Dios; y permanezca allí hasta que se termine toda la obra, y realícese esto rápidamente, a fin de que los santos tengan un lugar en donde adorar a Dios, y el Hijo del Hombre tenga donde recostar su cabeza.
Sidney Rigdon, de la Primera Presidencia, entonces dijo lo siguiente:
Sean preservadas de todo daño las personas empleadas en la erección de esta casa mientras se dediquen a su construcción, hasta que todo quede completo, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Así sea. Amén .27
Después de un intermedio de una hora se volvió a reunir la congregación y se colocaron las piedras angulares restantes en el orden indicado. La piedra del sudoeste se colocó bajo la dirección de la organización de los sumos sacerdotes, y su presidente se expresó en esta forma:
La segunda piedra angular del templo que ahora está construyendo la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días en honor del Gran Dios, se ha colocado debidamente, y continúe la misma unanimidad que se ha manifestado en esta ocasión hasta que la casa esté completa; descanse sobre ella la paz hasta la colocación de su piedra de remate y se dé vuelta a la llave; participen los santos en las bendiciones del Dios de Israel dentro de sus muros, y descanse la gloria de Dios sobre la misma. Amén.
La piedra angular noroeste entonces se colocó en su lugar bajo la superintendencia del sumo consejo, con la siguiente bendición pronunciada por Elías Higbee:
La tercera piedra angular ahora queda debidamente colocada. Sea esta piedra un firme apoyo al edificio, a fin de que se termine como ya se propuso.
La piedra de la esquina nordeste fue colocada por los obispos, y el obispo Whitney dijo:
La cuarta y última piedra angular, en representación del Sacerdocio Menor, ahora se coloca debidamente, y descansen para siempre sobre la misma las bendiciones ya pronunciadas junto con todas las demás que sean deseables. Amén .28
Concerniente al orden correcto de proceder en la construcción de un templo, el profeta José Smith escribió lo siguiente en relación con la colocación de las piedras angulares en Nauvoo:
Si en la construcción de templos va a observarse el orden preciso del sacerdocio, la primera piedra será colocada en la esquina sudeste por la Primera Presidencia de la Iglesia. La de la esquina sudoeste se colocará en seguida; entonces la tercera o la esquina noroeste, y la cuarta, o la del ángulo nordeste, al último. La Primera Presidencia debe colocar la piedra del ángulo sudeste y designar a las personas debidas para colocar las otras piedras angulares. Si se edifica un templo en algún punto distante y la Primera Presidencia no puede estar presente, entonces el Quórum de los Doce Apóstoles es el que debe dictar el orden que se ha de seguir en cuanto a ese templo; y a falta de los Doce Apóstoles, entonces la presidencia de la estaca colocará la piedra del ángulo sudeste; el Sacerdocio de Melquisedec colocará las piedras angulares del lado este del templo y el sacerdocio menor las del oeste.29
El Templo de Nauvoo fue construido por los miembros, que aportaron con liberalidad sus diezmos y ofrendas voluntarias de dinero y trabajo. La mayor parte de la mano de obra fue hecha por hombres que se diezmaron en cuanto a tiempo y dedicaron sus energías en proporción de por lo menos un día de cada diez al trabajo del templo.30
La obra progresó lentamente pero sin interrupción seria, hecho que causa sorpresa al tomarse en consideración las muchas condiciones desfavorables. Los miembros habían encontrado sólo un alivio provisional de la persecución; y a medida que progresaba la construcción del templo, aumentaba la oposición.31
Se había despertado el interés y estimulado la energía en lo relacionado con los asuntos del templo mediante una revelación en la cual el Señor dio a conocer su voluntad, y lo que la ley celestial disponía en cuanto a la ordenanza sagrada del bautismo por los muertos. Se tendrá presente que ninguna providencia se tomó para este rito en el Templo de Kirtland, porque al tiempo de la construcción de dicho edificio nada se habla revelado sobre el asunto en tiempos modernos. El 19 de enero de 1841 el Señor habló por medio del Profeta y explicó la necesidad de una casa santa con su baptisterio, principal y categóricamente para el beneficio de los muertos.32 Los miembros de la Iglesia estaban tan deseosos de prestar servicio vicario en bien de sus muertos, que antes que los muros del templo subieran mucho más allá del nivel de la planta baja, se procedió a la construcción de una pila bautismal. El 8 de noviembre de 1841 la pila se hallaba dispuesta para su dedicación, ceremonia que el Profeta mismo realizó. De manera que, mucho antes de ser terminado el templo se empezaron a efectuar ordenanzas dentro de sus recintos, ya que la pila quedó protegida por paredes provisionales. Damos a continuación una descripción escrita por José Smith:
La pila bautismal está situada en el centro del piso inferior, debajo del salón principal del templo; está construida de madera de pino y se ha armado con duelas de pino machihembradas; es de forma ovalada, de 4.88 metros de longitud de oriente a poniente, y 3.76 metros de anchura, 2.13 metros de altura desde el fundamento, y con una fuente de 1.22 metros de profundidad; la moldura del capitel y la base son de hermosa obra tallada de estilo antiguo y los lados se han revestido con un enchapado. Para subir y bajar a la fuente hay escaleras del lado norte y del lado sur protegidas por barandales.
La pila descansa sobre doce bueyes, cuatro de cada lado y dos en cada extremo, con la cabeza, hombros y patas delanteras sobresaliendo de debajo de la fuente. Se han tallado de pino, ensamblado con goma, y sirvió de modelo el buey más hermoso de cinco años que se pudo encontrar en el país, y guardan una semejanza notable con el original; los cuernos se elaboraron del cuerno más perfecto que se pudo obtener.
Los bueyes y molduras ornamentales de la pila bautismal fueron tallados por el élder Elijah Fordham de la Ciudad de Nueva York, obra que le tomó ocho meses. La pila quedó ubicada dentro de un edificio provisional de madera forrado con tablas delgadas de encino rajado y techo del mismo material; y de una altura tan baja, que las vigas del primer piso [del templo] se colocaron encima. El agua provenía de un pozo de 9.15 metros de profundidad hacia el extremo este del piso subterráneo.33
Además del baptisterio, se iban preparando otras partes del templo para uso provisional mientras todavía se estaba trabajando en las paredes, y el domingo 30 de octubre de 1842 se efectuó allí una asamblea general. Esta quedó asentada como la primera reunión verificada en el templo.34 En fechas posteriores se realizaron otras reuniones dentro del edificio incompleto; y no obstante la violenta oposición de los enemigos por fuera, y las interrupciones más eficaces aún, dentro de la Iglesia, ocasionadas por el espíritu apóstata que unos pocos manifestaban, se prosiguió la obra vigorosamente.
No se concedió que José Smith el profeta, ni Hyrum Smith, en un tiempo consejero en la Primera Presidencia y posteriormente Patriarca de la Iglesia, vivieran para ver la terminación del edificio. El 27 de junio de 1844 estos hombres de Dios fueron víctimas de las balas de asesinos en Carthage, Illinois.35 Aunque fue duro el golpe y cruel la aflicción que padecieron los miembros de la Iglesia en el martirio de sus dirigentes, escasamente se notó impedimento perceptible alguno en la obra de la Iglesia. Dentro de dos semanas del horrendo acontecimiento se reanudó la construcción del templo, y desde ese día hasta su consumación, se llevó adelante el trabajo con mayor vigor y determinación. Pocos meses antes de su martirio, el patriarca Hyrum Smith, en calidad del miembro del comité del templo, se había dirigido a las mujeres de la Iglesia, pidiéndoles una subscripción semanal de un centavo cada una, a fin de utilizar el dinero para comprar material, particularmente vidrio y clavos, para el templo. Según lo registrado, “pronto se manifestó un gran afán entre las hermanas de abonar su parte, y casi todas pagaron anticipadamente sus cuotas por un año”.36
Los archivos de la Iglesia de los años 1844 y 1845 contienen numerosas referencias al progreso de la obra. El 24 de mayo de 1845 se colocó el coronamiento o piedra de remate, con ceremonias impresionantes, bajo la dirección del presidente Brigham Young y otros miembros del Consejo de los Doce Apóstoles, además de los cuales también estuvieron presentes muchas de las autoridades generales y locales de la Iglesia. Después de haber quedado debidamente colocada la piedra, el Presidente dijo:
Se ha colocado la última piedra sobre el templo, y ruego al Omnipotente en el nombre de Jesús que nos defienda en este lugar y nos sostenga hasta que el templo quede terminado y todos hayamos recibido nuestras investiduras.37
Entonces siguió el solemne y sagrado grito: “¡Hosanna! ¡Hosanna! ¡Hosanna! ¡A Dios y al Cordero! ¡Amén! ¡Amén! y ¡Amén!” Se repitió una segunda y una tercera vez, y en conclusión el Presidente dijo: “Así sea, Señor Omnipotente.”38
Las sombrías nubes de la persecución se estaban congregando y espesando en torno de este pueblo devoto. Por consejo de sus dirigentes la gente una vez más se preparó para abandonar sus hogares; y esta vez resolvieron ir más allá de los límites de la civilización. Era inminente un éxodo general, y ya desde febrero de 1846 se había iniciado. Sin embargo, la mayor parte de los miembros permanecieron un corto tiempo más, y para ellos la terminación del templo era el principal propósito y objeto de la vida. Aunque sabían que el edificio sagrado en breve tendría que ser abandonado, trabajaron diligentemente para acabarlo, aun hasta el último detalle.
Para octubre de 1845 se encontraba tan adelantado el edificio, que era posible dar cabida a asambleas numerosas. Ese año la conferencia general otoñal de la Iglesia se efectuó dentro de sus muros, y el número de los presentes el 5 de octubre ascendió a cinco mil almas. Durante diciembre de 1845 y los primeros meses de 1846, muchos de los miembros recibieron sus bendiciones e investiduras en el templo, propósito para el cual se habían consagrado debidamente partes de la casa; pero no fue sino hasta fines de abril que el edificio en su totalidad quedó listo para su dedicación.
El Templo de Nauvoo se construyó principalmente de un tipo de piedra arenisca compacta, de color gris claro, material macizo y duradero, y al mismo tiempo fácil de trabajar, y por tal razón se adaptó fácilmente a un acabado ornamental. El edificio entero medía 39 metros por 36.8, con una altura despejada de 19.8 metros. El pico de la torre tenía una elevación de cincuenta metros sobre el nivel del suelo y lo coronaba la figura de un heraldo en vuelo con una trompeta a los labios. Según los planos, era un edificio macizo y estable de cuatro paredes, de dos pisos y medio, con una torre hexagonal hacia el frente, constituida por cuatro terrados y una bóveda. Sobre la puerta central del frente, e inmediatamente debajo de la base de la torre, aparecía esta inscripción:
LA CASA DEL SEÑOR
Edificada por la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días Santidad al Señor
En su exterior tenía treinta pilastras, nueve de cada lado y seis en cada extremo. En la base de cada pilastra había una escultura en relieve de la luna creciente, y tenía como remate un capitel de piedra labrada con la faz del sol alegóricamente representada, con un par de manos que sostenían bocinas. Sobre los capiteles había un friso o cornisa en la cual aparecían treinta piedras con estrellas. En las altas horas del 30 de abril de 1846 se dedicó el templo en privado, pero oficialmente, en presencia de las Autoridades Generales de la Iglesia que se pudieron reunir. El presidente Joseph Young del Primer Consejo de los Setenta ofreció la oración dedicatoria.
La naturaleza semiprivada de la dedicación se debió a la creencia de que posiblemente se interrumpiría la ceremonia pública, en vista del espíritu activo de intolerancia y persecución que se manifestaba. El día siguiente, es decir, el 1 de mayo de 1846, se efectuaron servicios de un carácter general y público en el templo, bajo la dirección de los élderes Orson Hyde y Wilford Woodruff del Consejo de los Doce Apóstoles.
Los miembros de la Iglesia habían cumplido con lo que el Señor les requirió en la construcción de otra casa a su nombre. La obra de las ordenanzas procedió por unos meses, a pesar de que seguía adelante el éxodo del pueblo. En septiembre de 1846 el Templo de Nauvoo cayó en manos del populacho; y aquellos cuya energía y medios, cuyo sudor y sangre habían entrado en su construcción, fueron echados al desierto o muertos. Por dos años el edificio, en otrora un lugar santo, permaneció abandonado; entonces el 19 de noviembre de 1848 fue víctima de un incendio deliberado. Después de la conflagración sólo quedaron paredes quemadas donde una vez se había erguido un majestuoso santuario. Extraño es decir que los Icarios, una organización local, intentaron reconstruir sobre las ruinas con objeto, según ellos profesaban, de establecer una escuela; pero mientras la obra apenas se estaba comenzando, un ciclón derrumbó la mayor parte de las paredes. Esto ocurrió el 27 de mayo de 1850. Lo que quedó del templo se lo han llevado a guisa de recuerdos o se ha empleado como material de construcción para otros edificios. Las piedras del templo han llegado a la mayor parte de los estados de la federación y allende el mar, pero en el sitio donde en un tiempo estuvo la Casa del Señor no ha quedado una piedra sobre otra. Antes de consumarse el arrasamiento del Templo de Nauvoo, los Santos de los Últimos Días ya se habían establecido en los valles de Utah y estaban preparándose, aun entonces, para construir otro y mayor santuario al nombre y servicio de Dios.
Notas
1 Doctrinas y Convenios 36:8; compárese con Malaquías 3:1.
2 Doctrinas y Convenios 42:36.
3 Véase Doctrinas y Convenios 52; véase también sección 54.
4 History of the Church of Jesus Christ of Latter-day Saints, tomo 1, pág. 189.
5 Véase Doctrina y Convenios 57:1-4.
6 Véase History of the Church of Jesus Christ of Latter-day Saints, tomo 1, pág. 199; también Life of Joseph Smith, por George Q. Cannon, pág. 119; véase también History of Utah, por Orson F. Whitney, tomo 1, pág. 91.
7 Doctrina y Convenios 88:119, 120.
8 Véase Doctrina y Convenios sección 95.
9 Véase History of the Church of Jesus Christ of Latter-day Saints, tomo 1, págs. 349, 350.
10 Doctrina y Convenios 97:10-17.
11 Véase Life ofJoseph, the Prophet, por Edward W. Tullidge, págs. 187-189.
12 Véase History of the Church of Jesus Christ of Latier-day Saints, tomo I, pág. 400.
13 Véase History of the Church of Jesus Christ of Latter-day Saints, tomo II, págs. 205, 206.
14 History of the Church of Jesus Christ of Latter-day Sainis, tomo 11, págs. 368, 369.
15 History of the Church of Jesus Christ of Latter-day Sainis, tomo 11, págs. 380-382.
16 Véase Doctrinas y Convenios, Sección 109, donde la oración aparece en su totalidad.
17 History of the Church of Jesus Christ of Latter-day Saints, tomo II, págs. 427,428.
18 History of the Church of Jesus Christ of Latter-day Saints, tomo II, pág. 428.
19 Doctrinas y Convenios, Sección 110. Véase también History of the Church of Jesus Christ of Latter-day Saints, tomo II, págs. 434-436.
20 History of the Church of Jesus Christ of Latter-day Saints, tomo ll, pág. 505.
21Doctrina y Convenios 115:7-18. 21 Doctrina y Convenios 115:57-18.
22 Véase History of the Church of Jesus Christ of Latter-day Saints, tomo 111, págs. 41, 42.
23 Doctrina y Convenios 118:5.
24 Doctrina y Convenios 105:2; véase también 103:23 y compárese con 105:8, 9; deben leerse las dos secciones en su totalidad.
25 Véase The Story of Mormonism, por el autor, pág. 35.
26 Véase Joseph Smith‘s Journal, 6 de abril de 1841; véase History of the Church of Jesus Christ of Latter-day Saints, tomo IV, págs. 327-329.
27 History of the Church of Jesus Christ of Latter-day Saints, tomo IV, pág. 329.
28 Véase History of the Church of Jesus Christ of Latter-day Saints, tomo IV, pág. 330.
29 History of the Church of Jesus Christ of Latter-day Sainis, tomo IV, pág. 331.
30 Véase History of The Church of Jesus Christ of Latter-day Saints, tomo IV, pág. 517.
31 En la publicación Times and Seasons del 2 de mayo de 1842 apareció un editorial sobre el progreso de la obra del templo, y este documento se ha incorporado en el diario del Profeta. Véase History of the Church of Jesus Christ of Latter-day Saints, tomo V, págs. 608-610.
32 Véase Doctrina y Convenios 124:28-31. Un extracto más extenso se halla en las páginas 77, 78 de esta obra.
33 History of the Church of Jesus Christ of Latter-day Sainis, tomo IV, págs. 446, 447.
34 History of the Church of Jesus Christ of Latier-day Saints, tomo V, pág. 182.
35 Véase History of the Church of Jesus Christ of Latter-day Saints, tomo VI, págs. 612-631; también Doctrinas y Convenios, sección 135.
36 Historical Record, Salt Lake City, junio de 1889, tomo VIII, págs. 865, 866.
37 Véase Historical Record, Salt Lake City, Junio de 1889, tomo VII, pág. 870.
38 Historical Record, tomo VII, pág. 870.







