La dedicación del Templo de Kirtland se realizó el domingo 27 de marzo de 1836. Se había fijado la temprana hora de las 8:00 de la mañana para abrir las puertas, pero tan intenso era el interés y tan fuerte la expectativa, que mucho antes de la hora ya se habían congregado cientos de personas alrededor de las puertas. Asistieron a los servicios entre novecientas y mil personas. La congregación se sentó en orden de asamblea solemne, cada uno de los cuerpos organizados del sacerdocio, con sus oficiales presidentes, en su lugar designado. Tras los himnos, lectura de las Escrituras y súplicas de recibir gracia divina, siguieron breves discursos; y en seguida se presentó a las autoridades de la Iglesia, cual se hallaban constituidas en esa época, para que los miembros los aceptaran o rechazaran, y puestos en pie, éstos prometieron su apoyo unánime en cada caso. Las autoridades del sacerdocio sostenidas en la forma indicada constituían todas las autoridades presidentes, desde la Primera Presidencia hasta la presidencia de los diáconos. José Smith entonces ofreció la oración dedicatoria, la que según él afirma, le fue dada por revelación.16
Se propuso a los quórumes del sacerdocio separadamente y a la congregación en general, el asunto de que si se aceptaba la Casa del Señor debidamente dedicada, y el voto afirmativo fue unánime. Entonces se bendijo y se repartió la Cena del Señor, y muchos de los élderes dieron testimonio solemne de la divinidad del evangelio que se había restaurado. Según el diario del Profeta:
El presidente Frederick G. Williams se puso de pie y testificó que mientras el presidente Rigdon estaba pronunciando la primera oración, un ángel entró por la ventana y se sentó entre él y el patriarca Smith, donde permaneció durante la oración. El presidente David Whitmer también vio ángeles dentro de la casa. El presidente Hyrum Smith habló unas palabras adecuadas felicitando a los habían soportado tantas penas y privaciones para construir la casa. El presidente Rigdon entonces concluyó con unas breves palabras apropiadas y una corta oración, al fin de lo cual dimos fin a las actividades del día exclamando tres veces: “Hosanna, Hosanna, Hosanna a Dios y al Cordero”, y sellándolo en cada ocasión con “Amén, Amén y Amén”.17
Al atardecer del día de la dedicación se verificó otra reunión, a la cual, sin embargo, sólo asistieron los oficiales de la Iglesia. El Profeta escribió al respecto:
Me reuní con los quórumes en la noche y los instruí concerniente a la ordenanza del lavamiento de los pies que habían de efectuar el próximo miércoles, y les di instrucciones referentes al espíritu de profecía…
El hermano George A. Smith se puso de pie y comenzó a profetizar, cuando se oyó un ruido como un viento fuerte que soplaba, el cual llenó el templo, y toda la congregación se levantó simultáneamente, impelida por un poder invisible; muchos empezaron a hablar en lenguas y a profetizar; otros vieron visiones gloriosas; y yo vi el templo lleno de ángeles, cosa que declaré a la congregación. La gente de la vecindad llegó corriendo (al escuchar un ruido extraordinario en el interior y al ver una luz brillante como una columna de fuego que descansaba sobre el templo), y se asombraron de lo que estaba aconteciendo. Así continuó hasta que la reunión concluyó a las 11:00 p.m.18
El próximo jueves, después de ese memorable día de reposo, se realizó otra asamblea solemne en el templo, en la cual, como anteriormente, estaban incluidas las autoridades de la Iglesia, así como los miembros que no habían podido entrar en la fecha anterior. Los servicios fueron hasta cierto grado una repetición de las actividades de la primera ocasión; se leyó la oración dedicatoria, se presentó música apropiada y se pronunciaron discursos.
La visitación de seres celestiales, así como las manifestaciones divinas que sobrepujaron toda expectativa -presenciadas al atardecer del día de la dedicación-habían dado testimonio de que el edificio era en verdad un templo, un edificio santo aceptado por Aquel a cuyo nombre se había erigido. El siguiente domingo, 3 de abril de 1836, se recibieron visitaciones y manifestaciones de mayor importancia aún. En el servicio de la tarde se bendijo la Cena del Señor, tras lo cual el Profeta y su consejero, Oliverio Cowdery, se retiraron a un púlpito reservado para los oficiales presidentes del Sacerdocio de Melquisedec, separado por las cortinas o velos que se habían bajado para la ocasión. Ambos testifican solemnemente que entonces, y en ese lugar, se manifestó el Señor Jesucristo. En seguida recibieron el ministerio de otros personajes celestiales, cada uno de los cuales entregó o confirió la autoridad particular con la cual se hallaba especialmente investido. El testimonio de José Smith y Oliverio Cowdery es el siguiente:
El velo desapareció de nuestras mentes y los ojos de nuestro entendimiento fueron abiertos.
Vimos al Señor sobre el barandal del púlpito, delante de nosotros; y debajo de sus pies había una obra pavimentada de oro puro del color del ámbar.
Sus ojos eran como llama de fuego; el cabello de su cabeza era blanco como la nieve pura; su semblante brillaba más que el resplandor del sol; y su voz era como el sonido de muchas aguas, sí, la voz de Jehová que decía:
Soy el primero y el último; soy el que vive, el que fue muerto; soy vuestro abogado para con el Padre.
He aquí, vuestros pecados os son perdonados; os halláis limpios delante de mí; por tanto, alzad la cabeza y regocijaos.
Regocíjese el corazón de vuestros hermanos, así como el corazón de todo mi pueblo, que con su fuerza ha construido esta casa a mi nombre.
Porque he aquí, he aceptado esta casa, y mi nombre estará aquí; y me manifestaré a mi pueblo en misericordia en esta casa.
Sí, me revelaré a mis siervos y les hablaré con mi propia voz, si mi pueblo guarda mis mandamientos y no profana esta santa casa.
Sí, el corazón de millares y decenas de millares se regocijará en gran manera como consecuencia de las bendiciones que han de ser derramadas y la investidura que mis siervos han recibido en esta casa.
Y la fama de esta casa se extenderá hasta los países extranjeros; y éste es el principio de las bendiciones que se derramarán sobre la cabeza de mi pueblo. Así sea. Amén.
Después de cerrarse esta visión, los cielos nuevamente nos fueron abiertos; y Moisés se apareció ante nosotros y nos entregó las llaves del recogimiento de Israel de las cuatro partes de la tierra, y de la conducción de las diez tribus desde el país del norte.
Después de esto, apareció Elías y entregó la dispensación del evangelio de Abraham, diciendo que en nosotros y en nuestra descendencia todas las generaciones después de nosotros serían bendecidas.
Terminada ésta, otra visión grande y gloriosa se desplegó ante nosotros; porque Elías el profeta, que fue llevado al cielo sin gustar la muerte, se paró ante nosotros, y dijo.
He aquí, ha llegado plenamente el tiempo del cual se habló por boca de Malaquías, testificando que él (Elías) sería enviado antes que viniera el día grande y terrible del Señor, para hacer volver el corazón de los padres a los hijos, y los hijos a los padres, para que el mundo entero no sea herido con una maldición.
Por tanto, se entregan en vuestras manos las llaves de esta dispensación; y por esto podéis saber que el día grande y terrible del Señor está cerca, aun a las puertas.19
La construcción del templo en Kirtland pareció aumentar la oposición de la cual la Iglesia había sido objeto desde su organización; y dentro de poco la persecución llegó a ser tan violenta, que cuantos miembros pudieron vender sus propiedades y salir, así lo hicieron, y fueron a reunirse con sus correligionarios en Misuri. Dentro de dos años de la dedicación se había efectuado un éxodo general de los miembros de la Iglesia, y no tardó el templo en caer en manos de los perseguidores. El edificio aún está en pie, y sirve como casa de reuniones ordinarias a una secta poco conocida que no manifiesta ninguna actividad visible en la construcción de templos ni creencia alguna en las ordenanzas sagradas para las cuales se erigen estos edificios. El pueblo cuyos sacrificios y sufrimientos levantaron el edificio ya no lo reclama como suyo. Lo que en un tiempo fue el templo de Dios, en el cual se apareció en persona el Señor Jesús, ha llegado a ser solamente un casa, un edificio cuya única pretensión de haberse distinguido entre los innumerables edificios levantados por el hombre yace en su maravilloso pasado.
EL SITIO PARA EL TEMPLO EN FAR WEST, MISURI.
De Ohio la Iglesia emigró hacia el oeste, y se establecieron centros de recogimiento en Misuri, particularmente en los condados de Jackson, Clay y Caldwell. No tuvieron tiempo para derramar lágrimas inútiles por el abandono forzado del Templo en Kirtland. Ya para esa fecha temprana, escasamente siete años después de la organización de la Iglesia, el pueblo había llegado a considerar la persecución como una consecuencia inevitable de su religión, y el ser despojados como un patrimonio. Resueltamente se pusieron a trabajar en los preparativos para otro templo, y se escogió un sitio en Far West, condado de Caldwell, Misuri. El 5 de agosto de 1837, “la presidencia, el sumo consejo y todas las autoridades de la Iglesia en Misuri se reunieron en concilio en Far West y unánimemente determinaron proceder moderadamente y edificar una casa al nombre del Señor en Far West, según lo permitieran sus medios”.20 El 26 de abril de 1838 se recibió una revelación en la que se indicaba el tiempo y la manera de iniciar la obra:
Sea para mí la ciudad de Far West una tierra santa y consagrada; y se llamará santísima, pues la tierra sobre la cual estáis es santa. Por tanto, os mando edificarme una casa para el recogimiento de mis santos, a fin de que me adoren. Iníciense esta obra y los cimientos y una labor preparatoria el verano que viene; désele principio el día 4 de julio próximo, y desde ese día en adelante trabaje mi pueblo diligentemente para construir una casa a mi nombre; y de hoy en un año comiencen de nuevo a poner los cimientos de mi casa.21
El día 4 de julio de 1838 se colocaron las piedras angulares al acompañamiento de un desfile militar y una procesión solemne.22 Se destaca claramente, según la revelación del 26 de abril de 1838, que ni aun la obra de echar los cimientos de este templo proyectado procedería sin interrupción. De acuerdo con lo mandado, se colocaron las piedras angulares el 4 de julio, y el día 8 otra vez se hizo mención del sitio con referencia a la obra futura de los apóstoles: “Despídanse de mis santos en la ciudad de Far West el 26 del próximo mes de abril, en el sitio donde se edificará mi casa, dice el Señor.”23 La persecución y la violencia se hicieron sentir durante los siguientes meses, y el enemigo declaró que la comisión jamás se cumpliría. Sin embargo, la historia da fe de que el 26 de abril de 1839, los apóstoles, varios otros oficiales de la Iglesia y un número de miembros se reunieron en las primeras horas de la mañana, cantaron sus himnos, proclamaron sus exhortaciones e iniciaron la obra de colocar las piedras fundamentales. En esta ocasión se llenaron dos vacantes que existían en el Consejo de los Doce, al ser ordenados Wilford Woodruff y George A. Smith, cuyo nombramiento se había aceptado previamente por voto. Los apóstoles entonces se despidieron de los que estaban presentes y salieron a sus misiones. Casi inmediatamente después de transcurrir los acontecimientos anteriores, los miembros de la Iglesia se vieron obligados a abandonar sus hogares en Misuri.
Los Santos de los Últimos Días opinan que la extensa demora en la erección de templos en los sitios dedicados en Misuri se debe principalmente a su propia defección, negligencia y desobediencia a la palabra del Señor, y como consecuencia se permitió a sus enemigos prevalecer. En 1834, mientras los miembros de la Iglesia en Misuri estaban pasando por una cruel persecución, sus correligionarios en las ramas del este recibieron instrucciones de acudir en su ayuda y enviar hombres con dinero para comprar los terrenos contiguos a los sitios escogidos, y además, consagrar sus posesiones a la redención de Sión. No fue satisfactoria la respuesta a estos requisitos, y aun en el Campo de Sión, nombre dado al cuerpo de entre ciento cincuenta y doscientos hombres que partieron de Ohio para Misuri según instrucciones recibidas, hubo mucho desafecto, murmuración y falta de fe. El 22 de junio de 1834 el Señor dijo por boca del profeta José:
He aquí, os digo que si no fuera por las transgresiones de mi pueblo, hablando de la iglesia y no de individuos, bien podrían haber sido redimidos ya .24
De modo que por causa de sus propias transgresiones los miembros de la Iglesia fueron impedidos en la realización de la obra requerida de sus manos, y hasta la fecha no ha madurado la siega de bendiciones basadas en esta obra particular.





