TEMPLOS DE LA ÉPOCA MODERNA: LOS TEMPLOS EN KIRTLAND Y NAUVOO.
En cuanto a diseño general, y de hecho, en lo concerniente a detalles de planos y construcción de los santuarios de épocas anteriores, mucho es lo que se ha preservado para nosotros en las páginas de las Santas Escrituras. Sólo de acuerdo con lo contenido en la Biblia, sería prácticamente posible reproducir el tabernáculo de reunión y el Templo de Salomón. Sin embargo, si no tuviésemos alguna información para complementar la narración bíblica, muy poco sabríamos del procedimiento necesario para administrar las ordenanzas que categóricamente pertenecen a los templos.
Concerniente al plan de construcción y el diseño estructural de los templos, no encontramos ninguna similaridad notable, mucho menos cosa alguna que remotamente se aproxime a identidad, en estas casas santas erigidas en distintas dispensaciones. Al contrario, podemos afirmar que se requiere una revelación directa sobre los planos de un templo para cada período característico de la administración del sacerdocio, es decir, para cada dispensación de autoridad divina. Aun cuando el objeto general del templo es el mismo en todas las épocas, la adaptabilidad especial de estos edificios queda determinada por las necesidades de la dispensación a la que individualmente corresponden.
Se percibe un orden definitivo de desarrollo en los hechos de Dios para con el hombre en el transcurso de los siglos; y es esta unidad de orden y propósito lo que constituye la eterna inmutabilidad del Ser Supremo. Hoy no es meramente una repetición de ayer; al contrario, cada hoy es la suma del tiempo total que lo ha precedido, de modo que en cada época sucesiva el plan divino se encuentra más desarrollado y más cerca queda la gran consumación del importante drama de la salvación humana.
Desde los días del antiguo tabernáculo de reunión, y de allí hasta el meridiano de los tiempos, se requirió el sacrificio de animales como un rito designado de propiciación y adoración; y tal se hacía en calidad de prototipo de la muerte expiatoria predicha como parte de la misión del Hijo del Hombre. Por consiguiente, en los templos de los hebreos, que vivían bajo la ley mosaica, se disponía para el degüello de animales, para la distribución ceremonial de la carne y la debida utilización de la sangre, para la inmolación conveniente de las ofrendas y numerosos otros detalles ceremoniales relacionados con el sistema de adoración bajo la ley de Moisés.
Los Santos de los Últimos Días concuerdan como uno con las otras sectas cristianas en la franca aceptación de la doctrina de que la muerte expiatoria de Cristo puso fin a los ritos mosaicos de sacrificio que incorporaban el derramamiento ceremonial de sangre, y que en verdad el prototipo fue consumado en persona. Los templos actuales no contienen altares del holocausto, ni atrios para el degüello, muebles teñidos de rojo con la sangre de bestias, hogueras para quemar cuerpos muertos, ni incensarios con incienso aromático para disipar el olor de carne quemada.
Aun entre los templos de la dispensación actual existe una variedad graduada en los detalles de construcción. El primer templo de la época moderna quedó parcialmente incompleto, si se le compara con los edificios sagrados de construcción posterior. Indudablemente era bien conocido del Señor – aunque sabiamente lo ocultó del conocimiento común – el hecho de que el Templo de Kirtland se utilizaría únicamente para el principio del restablecimiento de esas ordenanzas particulares para las cuales es esencial que existan templos. Así como el tabernáculo de la antigüedad sólo fue un tipo inferior de lo que estaba por venir, designado para uso provisional de acuerdo con condiciones especiales, en igual manera los primeros templos de la dispensación de los días postreros, a saber, los de Kirtland y Nauvoo, no fueron más que Casas del Señor provisionales, destinadas a servir como santuarios durante breves períodos solamente.
No bien se hubo organizado la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, el Señor indicó la necesidad de un templo en el cual El pudiera revelar su parecer y voluntad al hombre, y donde se administrarían las ordenanzas santificadoras del evangelio. En una revelación dada en diciembre de 1830, el Señor dijo: “Soy Jesucristo, el Hijo de Dios; por tanto, ciñe tus lomos y vendré súbitamente a mi templo.”1 En febrero de 1831 el Señor nuevamente indicó su propósito en estas palabras: “A fin de que mi pueblo del convenio se congregue como uno en aquel día en que yo venga a mi templo. Y esto lo hago para la salvación de mi pueblo.”2 Poco después siguieron instrucciones más precisas en cuanto a la obra práctica consiguiente a la adquisición de un sitio y la edificación de un templo.
EL SITIO PARA EL TEMPLO EN INDEPENDENCE, MISURI.
La sede principal de la Iglesia se había establecido temporalmente en Kirtland, Ohio; no obstante, el Profeta se había informado en una revelación anterior, que Sión sería establecida hacia el oeste. En junio de 1831 se verificó una conferencia de élderes en Kirtland, y en esa oportunidad se recibió una revelación3 en la cual se mandaba que determinados élderes emprendieran su viaje hacia el oeste, yendo de dos en dos y predicando por el camino. El mes siguiente se reunieron los élderes de referencia en un lugar designado en la parte occidental de Misuri, regocijándose en su ministerio y deseosos de saber más de la voluntad del Señor. El Profeta expresa de esta manera el mensaje de su oración y canto: “¿Cuándo florecerá el desierto como la rosa? ¿Cuándo se edificará a Sión en su gloria y en dónde estará tu templo al cual vendrán todas las naciones en los postreros días?”4 Contestando sus súplicas, el Señor habló por boca de su Profeta y señaló la parte occidental de Misuri como la tierra de Sión, y el sitio que ocupaba el pueblo de Independence como “la plaza central”, y designó el lugar sobre el cual habría de edificarse un templo.5
El tercero de agosto de 1831 el profeta José Smith y otros siete élderes de la Iglesia se reunieron en el solar del templo y lo dedicaron para su propósito sagrado. Aunque la compañía era pequeña, la ocasión fue de gran solemnidad y muy impresionante. El Profeta mismo pronunció la oración dedicatoria.6 Este templo proyectado todavía está por ser construido, pues aunque los Santos de los Últimos Días adquirieron por compra el título de propiedad del solar para el templo, posteriormente se vieron obligados a abandonar sus posesiones legales a causa de la violencia.
EL TEMPLO DE KIRTLAND.
La edificación de un templo en Misuri, aun en la estimación del Profeta y los que lo ayudaron a dedicar el sitio, era un acontecimiento futuro, posiblemente un futuro lejano. Por lo pronto el centro de actividad, la sede de la Iglesia, estaba en Ohio, y Kirtland era el sitio provisional de recogimiento. También en Kirtland habría de erigirse el primer templo de la época moderna.
En una revelación dada el 27 de diciembre de 1832, el Señor mandó que se estableciera una casa santa.7 Tal vez por motivo de que el pueblo miraba muy fijamente hacia la “plaza central”, y su tendencia de contemplar extasiados la gloria de lo futuro, al grado de desatender los deberes presentes, se demoró la ejecución del mandamiento de proceder sin dilación a la construcción de un templo; y el Señor reprendió al pueblo por su dilación y negligencia, nuevamente declarando su voluntad de que se edificara una casa a su nombre y prometiéndoles el éxito so condición de un esfuerzo sincero.8
Despertó entre los miembros una actividad notable en el asunto de erigir un templo para uso inmediato. Se organizó un comité de construcción y se hizo un llamado a todas las ramas de la Iglesia.9 El día 2 de agosto de 1833 nuevamente se oyó la voz del Señor concerniente al asunto de la edificación de un templo, y aun cuando las instrucciones particulares parecen aplicarse directamente al templo futuro en el Condado de Jackson, Misuri, la revelación, sin embargo, surtió un efecto inmediato y provocó un esfuerzo mayor en la construcción de un templo en Kirtland.10
El Templo de Kirtland se edificó tal como se proyectó y diseñó, aunque caracterizó la obra una serie ininterrumpida de sacrificios supremos por parte del pueblo agobiado por la pobreza. Considérense las palabras de una persona que estuvo presente y vio, una que ayudó y sufrió, una que habló de su conocimiento personal y vivos recuerdos. Eliza R. Snow, talentosa poetiza e historiadora de Israel moderno, ha escrito:
Se comenzó [el templo] en junio de 1833 según instrucciones directas del Omnipotente, por conducto de su siervo José Smith, a quien llamó en su tierna juventud, como a Samuel de antaño, para inaugurar la plenitud del evangelio eterno.
En esa época era pequeño el número de miembros, y la mayor parte de ellos muy pobres; y si no hubiera sido por la certeza de que Dios había hablado y mandado que se edificara una casa a su nombre, de la cual El no sólo reveló la forma, sino también indicó las dimensiones, todos los participantes habrían tildado de absurdo el proyecto de construir ese templo en las circunstancias que entonces existían.
Sus medidas son de 24.4 metros por 18; los muros alcanzan una altura de 15.25 metros, y la torre 33.55 metros. Los dos salones principales son de 16.77 metros por 19.82. Hacia el frente del edificio hay cuatro vestuarios y cinco cuartos en el desván, reservados para literatura y reuniones de los varios quórums del sacerdocio.
Había una particularidad en la disposición del salón interior que causaba una impresión más que ordinaria, a tal grado que parecía que una sensación de asombro sagrado descendía sobre todos los que entraban. No sólo los miembros de la Iglesia sino también los extraños manifestaban un alto grado de sensación reverente. Cuatro púlpitos se erguían, uno sobre otro, en el centro del edificio, de norte a sur, en ambos extremos, este y oeste. . . Frente a cada una de estas dos filas de púlpitos había una mesa sacramental para la administración de esa sagrada ordenanza. En cada una de las esquinas del salón había una plataforma elevada para los cantantes, de modo que el coro quedaba dividido en cuatro secciones. Además de las cortinas del púlpito había otras que, interceptando en ángulos rectos, dividían el salón principal en cuatro secciones individuales y daba a cada una de ellas la mitad de una de las series de púlpitos.
Desde el día en que se sacó la palada inicial de tierra para echar los cimientos del templo, hasta su dedicación el 27 de marzo de 1836, el trabajo procedió vigorosamente.
Con muy poco capital aparte de su intelecto, huesos y músculos, combinados con una confianza inquebrantable en Dios, hombres, mujeres y aun niños, trabajaron con su fuerza. Mientras los hermanos trabajaban en sus departamentos, las hermanas se empeñaban activamente en alojar y vestir a los obreros que no tenían quien los atendiera-todos viviendo con la mayor abstinencia posible, a fin de que cada centavo pudiera dedicarse al objeto principal, y mientras tanto sus energías eran estimuladas por la expectativa de participar en las bendiciones de una casa construida bajo la dirección del Altísimo y por El aceptada.”11
Las piedras angulares se habían colocado el 23 de julio de 1833, precisamente cuando estaba en su apogeo la oposición y persecución en las ‘ramas occidentales de la Iglesia; de hecho, el mismo día en que un populacho ilícito dio aviso de expulsión a los miembros de la Iglesia en Misurí.12 No obstante, continuó sin interrupción el trabajo en el Templo de Kirtland, aunque para los miembros llenos de ansia el progreso era demasiado lento. El 7 de marzo de 1835 se efectuó una reunión solemne en Kirtland, “convocada con objeto de bendecir en el nombre del Señor a los que hasta ahora han ayudado a construir, con su trabajo y otros medios, la Casa del Señor en este lugar”. El registro contiene los nombres de aquellos que habían consagrado su tiempo, esfuerzos y medios a la obra.13 Mucho antes de terminarse el templo, se estuvieron usando partes de la estructura para reuniones de consejo y otras juntas del sacerdocio. En enero de 1836 se adoptó un código de reglamentos que “se han de observar en la Casa del Señor en Kirtland”.14 El 21 del mes ya citado se verificó una reunión del sacerdocio en el templo que aun estaba sin terminar, en la cual el Patriarca Presidente y los tres Sumos Sacerdotes que constituían la Primera Presidencia de la Iglesia, se reunieron a solas en un cuarto e hicieron solemne oración. Los miembros de la Primera Presidencia, por turno, ungieron y bendijeron al Patriarca, el padre de José Smith, tras lo cual él, en virtud de su llamamiento los ungió y bendijo. De la gloriosa manifestación que siguió el Profeta escribe:
Los cielos nos fueron abiertos, y vi el reino celestial de Dios y su gloria, mas si fue en el cuerpo o fuera del cuerpo, no puedo decir. Vi la incomparable belleza de la puerta por la cual entrarán los herederos de ese reino, y era semejante a llamas circundantes de fuego; también vi el refulgente trono de Dios, sobre el cual se hallaban sentados el Padre y el Hijo. Vi las hermosas calles de ese reino, las cuales parecían estar pavimentadas de oro. . . Vi a los Doce Apóstoles del Cordero-los cuales en la actualidad se hallan sobre la tierra y tienen las llaves de este último ministerio en países extranjeros, parados juntos formando un círculo, muy fatigados, sus vestidos hechos pedazos, sus pies hinchados y la mirada fija en el suelo; y Jesús estaba en medio de ellos, mas no lo vieron. El Salvador los miró y lloró.
Muchos de mis hermanos que recibieron la ordenanza conmigo también vieron gloriosas visiones. Recibieron el ministerio de ángeles así como yo, y el poder del Altísimo descansó sobre nosotros. La casa se llenó de la gloria de Dios, y exclamamos: “Hosanna a Dios y al Cordero.” Mi escribiente también recibió su unción con nosotros y vio en visión las huestes de los cielos que protegían a los santos mientras regresaban a Sión, y muchas cosas que yo vi.
El obispo de Kirtland y sus consejeros y el obispo de Sión y sus consejeros estuvieron presentes con nosotros, y recibieron su unción de las manos de mi padre Smith, y esto la Presidencia lo confirmó, y también les fueron manifestadas las glorias del cielo.
Entonces invitamos a los miembros del sumo consejo de Kirtland y de Sión a nuestro cuarto.
A ellos también les fueron abiertas las visiones del cielo. Algunos vieron la faz del Salvador y otros recibieron el ministerio de ángeles santos, y el espíritu de profecía y revelación se derramó con potente fuerza; y resonaron en los cielos fuertes hosannas y gloria a Dios en lo alto, porque todos tuvimos comunión con la hueste celestial.15







