EL TEMPLO DE HERODES.
En el año 37 antes de J.C., Herodes l, conocido en la historia como Herodes el Grande, subió al trono como rey de Judea. Sucesivamente había sido procurador y tetrarca y de hecho, había sido rey de nombre por algún tiempo antes de su coronación. Durante este período había surgido un conflicto hostil entre él y el pueblo, del cual fue declarado rey por el decreto del senado romano. Llegó al trono conocido por su arrogancia y crueldad; y durante su reinado, que se caracterizó por su tiranía, ni aun el parentesco familiar o los vínculos más estrechos de consaguinidad protegieron a las víctimas de su desagrado. En la primera parte de su reinado Herodes dio muerte a casi todos los miembros del Sanedrín, el gran concilio judío, y durante su régimen gobernó con una severidad cada vez mayor. Sin embargo, logró el éxito en el asunto de conservar la paz con otros gobiernos, y sus amos romanos lo consideraban un rey capaz. Entre sus actos de crueldad figuran la matanza de los inocentes de Belén, asesinato proyectado y ejecutado con la esperanza de incluir al niño Jesús entre las víctimas.83
Tal era el carácter del hombre que proyectaba reemplazar con una nueva y más lujosa estructura el Templo de Zorobabel deteriorado por el tiempo. ¿Se puede concebir que un don proferido por tal dador fuese aceptable al Señor? Previamente David ofreció edificar una casa al Señor; pero no le fue permitido por ser hombre que había derramado mucha sangre. El propósito con que Herodes inició la gran empresa fue para engrandecerse a sí mismo y la nación, más bien que el de tributar homenaje a Jehová. Los judíos miraron con recelo y desagrado su proposición de reedificar o restaurar el templo en una escala de mayor magnificencia, pues temían que si era derribado el edificio antiguo, el monarca arbitrario podría cambiar de parecer y la gente se quedaría sin templo. Para calmar estos temores el rey procedió a restaurar y reconstruir el edificio antiguo parte por parte, dirigiendo la obra de tal manera que en ningún tiempo quedó interrumpido seriamente el ‘servicio del templo. Sin embargo, se preservó tan pequeña parte de la estructura antigua, que el Templo de Herodes debe considerarse como una creación nueva. La obra se inició unos dieciséis años antes del nacimiento de Cristo; y aunque la Santa Casa, propiamente dicha, quedó virtualmente terminada dentro de un año y medio – un cuerpo de mil sacerdotes habilitados especialmente para el objeto ejecutaron esta parte de la obra – hubo obras de construcción en los alrededores del templo casi sin interrupción hasta el año de 63 de nuestra era. Leemos que al tiempo del ministerio de Cristo, la construcción del templo había durado 46 años;84 y en esa época no estaba terminado aún.84
La historia bíblica proporciona muy poca información concerniente a este edificio, el último y mayor de todos los templos antiguos. Debemos principalmente a Josefo lo que sabemos concerniente a este edificio, aparte de un poco de testimonio corroborativo que se encuentra en el Talmud. En cuanto a sus partes principales, la Santa Casa, o Templo propiamente dicho, era similar a los dos santuarios anteriores, aunque exteriormente era mucho más lujuso e imponente que cualquiera de los otros dos; pero en el asunto de los patios y otros edificios que lo rodeaban, el Templo de Herodes descollaba preeminentemente. Yendo del muro exterior al recinto más interno que ocupaba la Santa Casa, uno tenía que atravesar patios o atrios sucesivos, cada cual de mayor elevación que el anterior, ya que las pendientes del monte Moríah se prestaban favorablemente para tal disposición. Los patios se extendían en forma de enormes plataformas terraplenadas, sostenidas por cimientos de maciza obra de albañilería, que en algunos sitios se elevaba verticalmente más de doscientos metros sobre el pie del monte.
El muro exterior que cercaba la superficie total del templo, que asemejaba en forma a un cuadrado, medía cuatrocientos codos, o sea un estadio (unos 180 metros), por cada lado. El muro hacia el oriente, que constituía la defensa principal de la ciudad por ese lado, no tenía puertas; en cada uno de los tres lados restantes, uno o más grandes y hermosos portones permitían el paso a través del muro que parecía fortaleza. En los cuatro lados del gran cuadrángulo, justamente dentro del muro exterior, había una serie de admirables pórticos, de diseño griego, los cuales formaban una columnata cubierta, de la cual cada pilar era un inmenso monolito de mármol blanco. La columnata continuaba sin alteración hasta el ángulo noroeste, donde interrumpía la continuidad del muro la Torre de Antonia, en realidad un castillo fortificado, del cual salía un pasaje subterráneo
que conducía al recinto interior donde estaba la Casa Santa. La columnata o serie de pórticos hacia el sur era particularmente lujosa, y se conocía como el Pórtico Real. Aquí había cuatro hileras de columnas gigantescas, y consiguientemente tres corredores o pasillos, de los cuales el interior tenía una anchura de casi quince metros por treinta y tres de altura, mientras que cada uno de los pasillos laterales era de diez metros de ancho por veinte de alto. Josefo describe el imponente efecto del Pórtico Real, declarando que su belleza era increíble a los que no lo habían visto, y asombroso a quienes lo miraban.
La columnata o serie de galerías hacia el este era conocida como el Pórtico de Salomón,85 nombre relacionado con una tradición de que el pórtico cubría e incluía parte del muro original erigido por el edificador del primer templo. Dentro de la columnata se encontraba un amplio espacio de admisión general. Este era el Patio de los Gentiles, el mismo donde los cambistas y vendedores de animales para el holocausto tenían establecidos sus puestos en la época del ministerio de nuestro Señor, y del cual con justa indignación los echó, declarando: “Escrito está: Mi casa, casa de oración será llamada; mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones.86
Entre el Patio dé los Gentiles y los patios interiores se erguía un muro de veinticinco codos de alto, el cual señalaba los límites del recinto más sagrado, dentro del cual ningún gentil era admitido legalmente. En intervalos se habían colocado tablas inscritas sobre el muro para advertir a todos los que no eran de Israel a no entrar, so pena de muerte. La traducción literal de una de estas inscripciones reza: “Ningún extranjero pase dentro del barandal y antepecho que rodean el santuario. Quien fuere sorprendido en el acto se hace responsable de su muerte consiguiente.”
A los patios interiores se llegaba por el Patio de los Gentiles a través de nueve puertas, de las cuales una daba al este, y cuatro al norte y al sur respectivamente; igual que en los templos anteriores, no había puertas en el muro hacia el oeste. De estas entradas, la principal quedaba al oriente, y se trataba de una obra lujosa hecha de bronce corintio muy costoso. Era conocida como la Puerta Corintia, aunque a veces era llamada la Puerta de Nicanor, del nombre de quien la había obsequiado. Según varias autoridades, era la misma puerta “que se llama la Hermosa”, donde se sentaba el cojo que sanó al ser ministrado por Pedro y Juan.87
En cierta parte del espacio entre los patios interiores, y conocido distintivamente como el Patio de las Mujeres, se admitía a los israelitas de ambos sexos. Era un atrio cerrado con una columnata, y constituía en el curso prescrito de la adoración pública, el sitio de las asambleas generales. Ocupaban los cuatro ángulos de este patio las cámaras que se usaban para fines ceremoniales; y entre éstas y las habitaciones contiguas a las puertas había otros edificios, de los cuales un grupo constituía el lugar de las ofrendas, donde estaban colocados los receptáculos en forma de trompeta para los donativos. 88 Más allá del Patio de las Mujeres, en realidad una continuación del mismo, se hallaba una sección ampliamente distinguida por el nombre que llevaba, el Patio de los Varones; a veces se hace referencia a estos dos patios como si fueran uno, y es llamado el Patio de Israel. Dentro de este espacio se encontraban numerosos edificios reservados para guardar cosas sagradas o efectuar asambleas especiales. Dentro del Patio de Israel y a una elevación mayor se hallaba el Patio de los Sacerdotes, en el cual estaba el gran altar del holocausto, y al que a nadie se admitía sino a los sacerdotes debidamente nombrados y a los laicos que iban para.ofrecer holocaustos. El altar era una amplia construcción de piedras sin labrar, de una base de catorce metros de lado, disminuyendo gradualmente a medida que ascendía hasta llegar al hogar, que medía once metros de lado. Una inclinación o pendiente hacia el lado sur constituía la entrada.89 Cerca de allí, hacia el poniente estaba una fuente reservada para las purificaciones prescritas de los sacerdotes que iban a oficiar.
Dentro del Patio de los Sacerdotes, sobre una elevación a la cual se llegaba por doce gradas, estaba situada la Casa Santa, el propio Templo. En comparación con sus numerosas y macizas pertenencias exteriores, era un edificio pequeño, pero dentro del plan arquitectónico se dispuso para que fuera el más impresionante, cuando no el más imponente de todo el conjunto. Propiamente se ha descrito como una “refulgente amalgama de mármol blanco y oro”.90 Igual que los templos anteriores, comprendía el atrio, el lugar santo y el Lugar Santísimo. El atrio medía cien codos de ancho por cien de alto, y el lugar santo, cuarenta codos por veinte, como en el Templo de Zorobabel, pero se aumentó la altura hasta cuarenta codos. Agregándole cámaras laterales, con un pasillo entre éstas y el edificio principal, Herodes logró que el nuevo templo fuese mayor y más majestuoso que cualquiera de sus predecesores. El Lugar Santísimo retuvo la fgrma y dimensiones originales, un cubo simétrico de veinte codos por cada uno de sus lados. Entre éste y el lugar santo colgaba un velo doble del material más fino, exquisitamente bordado. El velo exterior tenía una abertura en su extremo norte, el velo interior en el lado sur; de modo que el sumo sacerdote que entraba allí al tiempo señalado, una vez al año, podía pasar por entre los velos sin exponer el Lugar Santísimo. La cámara sagrada se hallaba vacía, con excepción de una piedra grande sobre la cual el sumo sacerdote rociaba la sangre del holocausto el día de la expiación; esta piedra ocupaba el lugar del arca y su propiciatorio. Del otro lado del velo, en el lugar santo, se hallaba el altar para quemar el incienso, el candelero de siete brazos y la mesa para el pan de la proposición.
Generalmente se admite que el Templo de Herodes fue por mucho la obra más admirable que jamás se ha edificado en calidad de templo en cualquiera época; mas con todo, su hermosura y grandeza consistía en excelencia arquitectónica, más bien que en la santidad de su adoración o la manifestación de la Presencia divina dentro de sus muros. Sus rituales y servicio eran preceptuados principalmente por hombres; pues si bien es cierto que se profesaba observar la ley mosaica, ésta había sido substituida, y en muchos puntos suplantada, por decreto y prescripción sacerdotales. Los judíos profesaban considerarla santa, y por ellos era proclamada como la Casa del Señor. A pesar de encontrarse desprovista de los enseres divinos contenidos en los santuarios anteriores que Dios había aceptado, y aunque profanada por la arrogancia y usurpación sacerdotales, así como por el interés egoísta del comercio y la mercadería, aun nuestro Señor el Cristo la reconoció como la Casa de su Padre.91 En ella el niño Jesús fue presentado como lo requería la ley;92 a ella concurrió con sus familiares al tiempo de la Pascua;93 dentro de sus recintos se proclamó a sí mismo y al Padre por quien fue enviado.94 Cuando finalmente-rechazado por los suyos y por ellos levantado sobre la cruz – El obró el sacrificio mediante el cual se pone la salvación al alcance del hombre, un poder invisible rasgó en dos el velo del templo y el último vestigio de santidad suprema se apartó del sitio.95
Sin embargo, mientras permaneció, el templo fue altamente venerado por los judíos. Una de las declaraciones del Salvador, interpretada como blasfemia contra el templo por los de pensamientos tenebrosos, fue una de las acusaciones principales que se emplearon contra El para exigir su muerte. Cuando los judíos le pedían clamorosos señal de su autoridad, les predijo su propia muerte y subsiguiente resurrección, diciendo: “Destruid este templo, y en tres días lo levantaré.”96 Ciegamente tomaron esta palabra como alusión irrespetuosa al edificio levantado por manos humanas, y esto se negaron a olvidar o perdonar. En vista de las acusaciones hechas a Esteban y más tarde a Pablo, es evidente que esta veneración continuó después de la crucifixión de nuestro Señor. En su ira asesina el pueblo acusó a Esteban de irrespetuosidad hacia el templo y presentaron testigos sobornados que testificaron falsamente contra él, diciendo: “Este hombre no cesa de hablar palabras blasfemas contra este lugar santo.”97 Y Esteban fue contado con los mártires. Cuando corrió la voz de que Pablo había introducido a un gentil en los recintos del templo, toda la ciudad se alborotó, y la turba enfurecida sacó a Pablo de ese lugar por la fuerza e intentó matarlo.98
Durante treinta años o más después de la muerte de Cristo, los judíos continuaron la obra de ampliar y embellecer los edificios del templo. Prácticamente se había terminado el esmerado diseño ideado y proyectado por Herodes; el templo estaba casi terminado y, como se manifestó poco después, listo para su destrucción. El propio Salvador había predicho definitivamente su suerte. Comentando las palabras de uno de los discípulos con referencia a las grandes piedras y espléndidos edificios sobre la colina del templo, Jesús había dicho: “¿Ves estos grandes edificios? No quedará piedra sobre piedra, que no sea derribada.”99
Esta aciaga profecía tuvo un cumplimiento literal no mucho después. Durante el gran conflicto contra las legiones romanas de Tito, muchos de los judíos se refugiaron dentro de los patios del templo, con la aparente esperanza de que allí el Señor nuevamente pelearía las batallas de su pueblo y les daría el triunfo. Pero la presencia protectora de Jehová desde mucho antes se había apartado de aquel lugar, dejando a Israel como presa para el enemigo. Aun cuando Tito habría perdonado el templo, sus legionarios, enloquecidos por el calor de la batalla, empezaron la conflagración e incendiaron todo lo que podía arder. La matanza de los judíos fue pavorosa; miles de hombres, mujeres y niños fueron asesinados sin piedad dentro de los muros, y los patios del templo literalmente se inundaron con sangre humana. Esto sucedió en el año 70 de la era cristiana; y según Josefo, el mismo mes y el mismo día del mes en que las llamas encendidas por el rey de Babilonia consumieron lo que en otro tiempo había sido el glorioso Templo de Salomón.100
De los enseres del templo, Tito llevó a Roma, en calidad de trofeos de guerra, el candelero de oro y la mesa para el pan de la proposición que estaban en el lugar santo; y en el arco erigido en honor del general triunfante, se ven las representaciones de estas piezas sagradas.
Desde la destrucción del espléndido Templo de Herodes, no se ha vuelto a construir en el hemisferio oriental ningún otro edificio de esta naturaleza, ningún templo, ninguna Casa del Señor dentro de la acepción distintiva de estos términos. En una época indeterminada entre los años 361 y 363 de la era cristiana, el emperador romano Julián, apodado Julián el Apóstata por haberse vuelto del cristianismo al paganismo, -intentó reconstruir el templo de Jerusalén. Su propósito no fue impulsado por la devoción ni por el amor a Dios; sino el de contradecir las profecías y con ello demostrar que la creencia cristiana era falsa.101 Conclúyese, pues, la categoría de templos edificados al nombre del Dios viviente antes-de la dispensación del cumplimiento de los tiempos.
1 Éxodo 3:5.
2 Éxodo 16:32-34.
3 Véase Éxodo 31:18; 25:16; 32:15; 34:28, 29.
4 Éxodo 317-11.
5 Éxodo 24:9, 10, 18; léase todo el capítulo.
6 Éxodo 25:1-9. Para los detalles del edificio y enseres del Tabernáculo de Reunión, véase Éxodo capítulos 25-31, más particularmente el capítulo 25, que en parte se repite en 36:8-38.
7 Éxodo 36:5-7.
8 E1 codo es una antigua medida linear, cuyo patrón variaba en los diferentes países y en distintas épocas. En la tabla de pesos y medidas contenida en la Biblia Reina-de Valera, revisión de 1960, la equivalencia del codo es de 45 centímetros.
9 Éxodo 37:1-9; compárese con 25:10-22.
10 Véase Éxodo 37:10-29; compárese con 25:23-40.
11 Éxodo 40:34-38.
12 Éxodo 25:8.
13 Véase Éxodo capítulo 28.
14 Véase Dictionary of the Bible, por Smith, artículo “Tabernáculo”.
15 Josué 18:1-3; 19:51; véase también 21:2; Jueces 18:31; 1 Samuel 1:3, 24; 4:3, 4.
16 Véase 1 Samuel 4:10-18.
17 Véase 1 Samuel 4:22.
18 Véase 1 Samuel 21:1-6.
19 Véase 1 Samuel 7:1 Véase I Crónicas 21:28-30; compárese con 11 Crónicas 1:3-6.
20 I Samuel 4:10-22; también los capítulos 5 y 6; 7:1, 2.
21 II Samuel 6:1-12; véase también 1 Crónicas capítulo 13.
22 II Samuel 6:17; véase también I Crónicas 15:1, y 16:1.
23 Véase 1 Reyes 3:15 y II Crónicas 1:3, 4.
24 Véase 1 Reyes 8:1-4.
25 1 Crónicas 17: 1; véase también 11 Samuel 71, 2.
26 1 Crónicas 17:4, 5.
27 Véase I Crónicas 22:8; compárese con 28:3; y 1 Reyes 5:3.
28 Véase 1 Crónicas 22:1-5.
29 II Samuel 24:15-25; véase también 1 Crónicas 21:15-17; y 11 Crónicas 3:1.
30 Véase 1 Crónicas 21:18-30; compárese con 11 Samuel 24:18-25.
31 1 Crónicas 22:5-19; véase también 28:1-8; 29:1-7.
32 1 Crónicas 28:11-13.
33 II Crónicas 2:5; véase también todo el capítulo
34 Véase 1 Reyes 5:11 y 11 Crónicas 2:10, 15.
35 1 Reyes 5:13-18.
36 1 Reyes 6:7; compárese con Deuteronomio 27:5, 6.
37 Antigüedades de los Judíos, por Josefo, Libro VIII: capítulos 2, 3, 4.
38 Véase 11 Crónicas 3:4.
39 Véase 1 Reyes 7:13-22.
40 1 Reyes 6:15-18, 29
41 Versículos 19-22
42 Versículo 35.
43 Versículos 5, 6.
44 Ezequiel 41:6, 7.
45 Para las especificaciones de los atrios, véase 1 Reyes 6:36; compárese con 7:12; véase también 11 Reyes 23:12; 11 Crónicas 4:9; 33:5.
46 1 Reyes 7:23-26; 11 Crónicas 4:2; véase también 11 Reyes 25:13; compárese con Jeremías 52:17.
47 1 Reyes 7:39.
48 1 Reyes 7:27-39; compárese con 11 Crónicas 4:6.
49 1 Reyes 8:10, 11.
50 1 Reyes 8:56, 57;véase el capítulo entero , donde se detallan los servicios dedicatorios.
51 Versículo 66.
52 2 Reyes 14:13, 14.
53 2 Reyes 16:10-18; véase también 11 Crónicas 28:24.
54 2 Reyes 21:1-7; véase también 11 Crónicas 33:1-7.
55 1 Reyes 15:18.
56 2 Reyes 12:18.
57 2 Reyes 18:15, 16.
58 Véase 11 Reyes 12:2-14; compárese con II Crónicas 24:7-14; véase también 11 Reyes 22:3-7; compárese con 11 Crónicas 34:8-13.
59 2 Reyes 24:13; 25:9-17; II Crónicas 36:7, 19; compárese con Isaías 64:11; Jeremías 27:16, 19-22; 28:3; 52:13, 17-23; Lamentaciones 2:7; 4:1; y Esdras 1:7.
60 Véase Daniel, capítulo 5.
61 Véase Ezequiel, capítulos 40 a 43.
62 Ezequiel 40:10, 17, 21, 28, 29, 35, 36.
63 Ezequiel 40:47.
64 Versículos 44-46.
65 Ezequiel capítulos 44-48.
66 Ezequiel 43:10-12.
67 Jeremías 25:8-11; véase también 29:10.
68 Véase Jeremías 25:12-14. Véase también “Artículos de Fe” por el autor, Capítulo 17, “La Dispersión de Israel”.
69 Esdras 1:1-4.
70 Esdras 6:3, 4.
71 Esdras 1:7-11.
72 Véase Esdras 2:61-63.
73 Esdras 3:1-6.
74 Esdras 3:8-13.
75 Esdras 4:1-6; también los versículos 7-24, y capítulo 5.
76 Esdras 6:11, 12; también los versículos 7-10.
77 Esdras 6:21.
78 Josefo, Antigüedades de los Judíos, XIII, 13:5.
79 Compárese con Éxodo 20:25; Deuteronomio 27:5; Josué 8:31.
80 Véase Hageo 2:1-4; compárese con Zacarías 4:10.
81 Véase Josefo, Antigüedades de los Judíos, Libro XII, 5:3-5.
82 Véase Josefo, Antigüedades de losJudios. Libro XII, capítulos 6 y 7; y II Macabeos 2:19; 10:1-8; véase también Juan 10:22.
83 Véase Mateo 21:1-10, 16-18. “Un niño pequeño fue la causa que el gran Herodes temblara sobre su trono. Cuando supo que los magos venían a adorar a su Rey y Señor, y no se alojaron en su palacio, antes siguieron adelante a un techo más humilde; y cuando se dio cuenta de que no iban a volver para traicionar al niño en sus manos, mandó matar a todas las criaturas que había en Belén, de dos años abajo. El crimen fue grande; pero el número de víctimas en un sitio pequeño como Belén fue suficientemente bajo para evitar que Josefo y otros historiadores hicieran particular mención de lo ocurrido entre los actos inicuos de Herodes, ya que carecía de interés político.” Comprehensive Dictionary of the Bible, por Smith, art. “Jesucristo”, pág. 466.
84 Juan 2:20.
85 Véase Juan 10:23; Hechos 3:11;5:12
86 Mateo 21:12, 13; véase también Marcos 11:15; Lucas 19:45; Juan 2:14.
87 Véase Hechos 3:2, 10.
88 Véase Marcos 12:41-44.
89 Compárese con Éxodo 20:26.
90 “Véase Enciclopedia Británica, undécima edición, artículo “Templo”.
91 Mateo 21:12; compárese con Marcos 11:15; Lucas 19:45.
92 Véase Lucas 2:22-38.
93 Lucas 2:42-50. Véase también Juan 2:13-23; 5:1; 12:12-20.
94 Lucas 19:47; Juan 10:22-39.
95 Mateo 27:51; Marcos 15:38; Lucas 23:45.
96 Juan.2:19-22; véase también Mateo 26:61; 27:40; Marcos 14:58; 15:29.
97 Hechos 6:13.
98 Véase Hechos 21:26-40.
99 Marcos 13:1, 2. Véase también Mateo 24:1, 2; Lucas 21:5, 6.
100 Josefo, Guerra de los Judíos, Libro VI; 4:5, 8. Para una relación detallada y gráfica de la destrucción del templo, véanse en su totalidad los capítulos 4 y 5.
101 De hecho, inicio las excavaciones, pero sus trabajadores huyeron despavoridos del sitio, debido a terribles explosiones e e irrupciones de llamas. Los cristianos consideraron lo ocurrido como un milagro; y cierto es que el propio Julián quedó tan desalentado a causa de ello, que desistió de la empresa. – P.V.N. Meyers, General History, Pág. 334.






