EL TEMPLO DE LA VISIÓN DE EZEQUIEL.
En el año veinticinco del cautiverio babilónico, y mientras el pueblo de Israel todavía se hallaba exilado en tierra extraña, la palabra del Señor
vino al profeta Ezequiel; y el poder de Dios reposó sobre él y vio en visión un templo glorioso, cuyo plan describió en detalle.61 En cuanto a que si el profeta mismo consideró el diseño que le fue mostrado como algo que subsiguientemente se realizaría, o como un ideal de mucha grandeza pero irrealizable, no se declara. Cierto es que el templo de la visión no se ha construido aún.
En la mayor parte de sus características esenciales, el ideal de Ezequiel era muy parecido al plan del Templo de Salomón; por cierto, es tan estrecha la semejanza, que muchos de los detalles descritos por Ezequiel se han aceptado como los del espléndido edificio destruido por Nabucodonosor. Un rasgo predominante del templo que Ezequiel describió fue la amplitud de sus recintos y la simetría no sólo de la Santa Casa, sino de sus edificios anexos. La superficie habría de ser un cuadrado de quinientos codos, rodeado de un muro y provisto de una entrada y arcos por los otros tres lados; hacia el poniente, el muro no habría de tener ni arcos ni puerta. Dentro de cada una de las entradas había pequeñas cámaras62 provistas de portales. En el atrio exterior había otras cámaras. Toda la construcción estaba sobre una elevación y se llegaba a cada una de las puertas por siete gradas. En el atrio interior se hallaba el gran altar, delante de la Casa, ubicado en el centro de un atrio de cien codos en cuadro.63 Había amplio espacio para toda variedad de sacrificios y ofrendas, y para el alojamiento de los sacerdotes, cantores y todos los que tomaran parte en el ritual sagrado.64 El edificio principal se componía de un pórtico, un lugar santo y un santuario interior o Lugar Santísimo; y a éste, más elevado que los demás, se llegaba por unas gradas. El plano tenía por objeto lograr una exclusividad mayor aún que la que había distinguido el espacio sagrado del 19 Templo de Salomón, y los dos atrios ayudaban a este fin. El servicio del templo se prescribió en detalle; las ordenanzas del altar, los deberes de los sacerdotes, el ministerio de los levitas, los reglamentos respecto de las ofrendas y las fiestas – todo se explicó.65
El propósito inmediato de esta revelación, manifestada en la visión del profeta, parece que fue despertar en el pueblo de Israel la comprensión de su estado caído y un concepto de la gloria que había perdido. El profeta recibió este mandamiento:
Tú, hijo de hombre, muestra a la casa de Israel esta casa, y avergüéncense de sus pecados; y midan el diseño de ella.
Y si se avergonzaren de todo lo que han hecho, hazles entender el diseño de la casa, su disposición, sus salidas y sus entradas, y todas sus descripciones, y todas sus configuraciones, y todas sus leyes; y descríbelo delante de sus ojos, para que guarden toda su forma y todas sus reglas, y las pongan por obra.
Esta es la ley de la casa: Sobre la cumbre del monte, el recinto entero, todo en derredor, será santísimo. He aquí que ésta es la ley de la casa.66
LA CASA DEL
EL TEMPLO DE ZOROBABEL.
Durante setenta años los judíos se lamentaron y gimieron bajo el dominio de Babilonia. La mayor parte de lo que en otro tiempo había sido el altivo Reino de Judá fue llevado cautivo, y los que permanecieron en la tierra de sus padres habían perdido su categoría de nación y en su mayoría se habían mezclado con los gentiles. Con terrible exactitud se había cumplido la aciaga predicción de Jeremías, por boca de quien el Señor había hablado, diciendo:
Por tanto, así ha dicho Jehová de los ejércitos: Por cuanto no habéis oído mis palabras, he aquí enviaré y tomaré a todas las tribus del norte, dice Jehová, y a Nabucodonosor rey de Babilonia, mi siervo, y los traeré contra esta tierra y contra sus moradores, y contra todas estas naciones en derredor; y los destruiré, y los pondré por escarnio y por burla y en desolación perpetua.
Y haré que desaparezca de entre ellos la voz de gozo y la voz de alegría, la voz de desposado y la voz de desposada, ruido de molino y luz de lámpara.
Toda esta tierra será puesta en ruinas y en espanto; y servirán estas naciones al rey de Babilonia setenta años.67
Sin embargo, un rayo de esperanza y promesa había penetrado la lobreguez de la aciaga profecía: la certeza de que al cumplirse los setenta años del castigo del Señor, el pueblo volvería al país de su herencia, y una vez más sería reconocido como el pueblo del Señor.68 Alentado por esta esperanza, el pueblo había vivido; inspirados por ella, sus profetas habían recurrido al Señor aun en el cautiverio, y declarado su voluntad al pueblo; iluminado por esta luz, Ezequiel había visto en visión, como vidente, el restablecimiento de su pueblo y la posibilidad de un templo mayor y más espléndido que el primero. En el debido tiempo el Dios de Israel cumplió su palabra y de nuevo confirmó su poder como Rey de Reyes; dominó y predominó las pasiones de las naciones y los actos de los reyes terrenales, y una vez más sacó a su pueblo del país de su servidumbre. Persia había llegado a ser la potencia dominante entre las naciones, y por decreto del rey persa Judá fue libertada. He aquí como el poder de Dios dirige a los reyes entre los mortales:
En el primer año de Ciro rey de Persia, para que se cumpliese la palabra de Jehová por boca de Jeremías, despertó Jehová el espíritu de Ciro rey de Persia, el cual hizo pregonar de palabra y también por escrito por todo su reino, diciendo:
Así ha dicho Ciro rey de Persia: Jehová el Dios de los cielos me ha dado todos los reinos de la tierra, y me ha mandado que le edifique casa en Jerusalén, que está en Judá.
Quien haya entre vosotros de su pueblo, sea Dios con él, y suba a Jerusalén que está en Judá, y edifique la casa a Jehová Dios de Israel (él es el Dios), la cual está en Jerusalén.
Y a todo el que haya quedado, en cualquier lugar donde more, ayúdenle los hombres de su lugar con plata, oro, bienes y ganados, además de ofrendas voluntarias para la casa de Dios, la cual está en Jerusalén.69
De conformidad con este generoso permiso, el pueblo volvió a la tierra de sus padres y emprendió la obra de construir nuevamente una Casa del Señor. Ciro había expedido su real decreto de que la construcción fuese digna del gran Nombre a la cual se iba a levantar. Los cimientos habían de ser fuertes; su altura de sesenta codos, y de sesenta codos su anchura; se colocarían tres hileras de piedras grandes, y una de madera nueva; por otra parte, los gastos iban a ser costeados por la tesorería real.70 El rey restauró al pueblo los utensilios que Nabucodonosor había tomado del primer templo, todos los cuales, en número de muchos miles, fueron formalmente entregados por el tesorero del rey.71
Fue tan grande el entusiasmo del pueblo, tan fuerte su deseo de tomar parte individualmente en la santa empresa, que muchos que habían descuidado su linaje ahora afirmaban ser de descendencia sacerdotal; pero en vista de que no se había preservado su genealogía, se les excluyó del sacerdocio, aunque se les permitió volver con los demás. Las prerrogativas del orden sacerdotal les fueron negadas hasta que se levantara uno con el poder de declarar su genealogía por medio del Urim y Tumim.72
Zorobabel y Jesúa se hicieron cargo de la obra, y sin demora levantaron una vez más el altar del Dios de Israel y restablecieron el ritual de los holocaustos y la observancia de las fiestas solemnes.73 Se obtuvieron los servicios de albañiles y carpinteros, obreros y artesanos de todas las clases y grados. Nuevamente Tiro y Sidón se sujetaron a tributo amigable, y una vez más las riquezas de los bosques del Líbano llegaron a Jerusalén. Se dispuso a los sacerdotes y levitas en sus grupos y órdenes como anteriormente, y el son de trompetas y címbalos se unió a las voces de los cantores. ¿Nos causa sorpresa que al colocarse los cimientos, los de edad mayor que se acordaban de la primera Casa y su gloria hayan llorado en alta voz y lanzado grandes gritos de alegría?74
Mas surgieron adversarios que pusieron estorbos a los edificadores. El pueblo de Cancán, o sea los israelitas que habían olvidado su lealtad a Dios y se habían mezclado con idólatras, se ofendieron por motivo de la actividad de los judíos repatriados. Al principio ofrecieron ayudar en la obra, pero al no ser aceptados por motivo de sus asociaciones idólatras, se convirtieron en obstruccionistas y “el pueblo de la tierra intimidó al pueblo de Judá, y lo atemorizó para que no edificara. Sobornaron además contra ellos a los consejeros para frustrar sus propósitos, todo el tiempo de Ciro rey de Persia y hasta el reinado de Darío rey de Persia”.75 Se alegaba que en tiempos anteriores el pueblo de Judá había provocado dificultades a otras naciones, y que con la restauración de su templo nuevamente se tornarían sediciosos. Las protestas y acusaciones finalmente llegaron a Darío, el monarca reinante, el cual, después de investigar todo el asunto, expidió un decreto de que los judíos no sólo no habrían de ser interrumpidos en la edificación del templo, sino que parte de los tributos reales, los impuestos ordinarios del país, habrían de ser aportados a la obra; y dijo además el rey:
También por mí es dada orden, que cualquiera que altere este decreto, se le arranque un madero de su casa, y alzado, sea colgado en él, y su casa sea hecha muladar por esto. Y el Dios que hizo habitar allí su nombre, destruya a todo rey y pueblo que pusiere su mano para cambiar o destruir esa casa de Dios, la cual está en Jerusalén. Yo Darío he dado el decreto; sea cumplido prontamente.76
Con semejante apoyo el pueblo no tardó en acabar el edificio. Aunque habían transcurrido casi veinte años entre la colocación de los cimientos y la terminación de la casa, la mayor parte de la obra se efectuó durante los últimos cuatro años. Los servicios dedicatorios fueron solemnes e inspiradores; durante siete días se observó la fiesta de los panes sin levadura, y comieron la Pascua los que habían vuelto del cautiverio “con todos aquellos que se habían apartado de las inmundicias de las gentes de la tierra para buscar a Jehová Dios de Israel” .77
Este templo, el segundo, se terminó en el año 515 a. de J.C., y se conoce en la historia como el Templo de Zorobabel. En cuanto a disposición general se diseñó según el Templo de Salomón, aunque sobrepujó a su prototipo en muchas de sus medidas. El atrio estaba dividido en una sección para los sacerdotes solamente y otra para el público, y según Josefo, se hizo la división con un cerco de madera.78 En lugar del gran altar de bronce de otros tiempos, se erigió uno de piedras sin labrar.79 Adornaba el Lugar Santo un solo candelero en lugar de diez, y no había sino una mesa para el pan de la proposición en lugar de las diez mesas cubiertas de oro que habían estado en el primer templo. También leemos acerca de un altar de incienso hecho de oro y otros utensilios menores. El Lugar Santísimo se hallaba vacío, porque no se había vuelto a saber del arca del pacto después que el pueblo fue llevado cautivo.
En muchos respectos el Templo de Zorobabel parecía poca cosa en comparación con su espléndido predecesor, y de hecho, en ciertos detalles era inferior al antiguo tabernáculo de reunión, el santuario de las tribus nómadas. Los eruditos críticos enumeran los siguientes rasgos característicos del Templo de Salomón que faltaban en el Templo de Zorobabel: (1) El arca del pacto; (2) el fuego sagrado; (3) la Shekinah, o gloria del Señor, manifestada en la antigüedad como la Presencia divina; (4) el Urim y Tumim, por medio del cual Jehová declaraba su voluntad a los sacerdotes del orden aarónico; (5) el espíritu de profecía, indicación de la comunicación más íntima entre el ser mortal y su Dios. No obstante estas diferencias, el Señor reconoció el Templo de Zorobabel e indudablemente fue el centro de revelación divina a los profetas debidamente constituidos.
Generalmente se concede la inferioridad del segundo templo, cuando se le compara con el primero; sin embargo, la diferencia consistía en esplendor más bien que en tamaño.80 Pero aun la gloria que fue suya no duró por mucho tiempo. Una vez más el pueblo apostató de su Dios, la voz del profeta pasó inadvertida y nuevamente permitió Jehová que los paganos oprimieran a Judá. La narración bíblica proporciona muy pocos detalles de la historia posterior de este templo, pero otras fuentes nos informan de sus vicisitudes. Al tiempo de la persecución de los Macabeos, fue profanada la Casa del Señor. Un rey sirio, Antíoco Epífanes, tomó a Jerusalén (168 a 165 años a. de J.C.) y perpetró blasfemos crímenes contra la religión del pueblo. Saqueó el templo y se llevó el candelero de oro, el altar de oro para quemar incienso, la mesa para los panes de la proposición y aun arrancó los velos sagrados hechos de lino torcido y púrpura. Llegó a tal grado su perversidad, que intencionalmente profanó el altar del holocausto ofreciendo cerdos sobre él, y erigió un altar pagano dentro del sagrado recinto. No conforme con la violación del templo, este impío monarca mandó construir altares en los pueblos y ordenó el sacrificio de animales inmundos sobre ellos. Se prohibió el rito de la circuncisión bajo pena de muerte, y la adoración de Jehová fue constituida en crimen.81 Como resultado de esta persecución, muchos de los judíos apostataron y se declararon ser medos y persas, naciones de cuyo dominio los había librado el poder de Dios.
Uno de los que permanecieron fieles a la religión de sus padres fue Matatías, sacerdote y hombre prominente al mismo tiempo. Cuando se le indicó que ofreciera sacrificios paganos, no sólo se negó, sino que con justa indignación dio muerte a los que intentaron el sacrilegio.
Este acto provocó contiendas adicionales, y por tres años continuó la lucha. Judas, uno de los hijos de Matatías, se distinguió y llegó a ser conocido como Judas Macabeo, el primero de los Macabeos. Bajo su dirección el pueblo volvió a Jerusalén y encontró el templo abandonado, tal como lo había dejado el ejército de Antíoco. Las puertas habían sido derribadas e incendiadas, y dentro de los muros abundaban las hierbas. Judas intentó limpiar y rehabilitar la casa; trajo nuevos utensilios y reemplazó el candelero, el altar para quemar incienso, la mesa para el pan de la proposición y los velos, y también construyó un altar nuevo para los holocaustos. Entonces en el año 163 a. de J.C. se efectuó una nueva dedicación de la casa, ocasión que de allí en adelante se conmemoró con una celebración anual llamada la Fiesta de la Dedicación.82
Buscando su propia preservación, los judíos hicieron pacto con los romanos, los cuales finalmente llegaron a ser sus amos. Durante el reinado de los Macabeos el templo empezó a deteriorarse, y cuando el último de los de esta dinastía fue reemplazado por Herodes el Grande, la casa era poco más que una ruina. No obstante, se había continuado una semejanza de la adoración ritualista. La historia del Templo de Zorobabel queda incorporada en la del Templo de Herodes.





