La obra de construcción se inició en el cuarto año del reinado de Salomón y el Templo quedó terminado para su dedicación en el duodécimo año,
o sea 1005 años antes de Jesucristo. Al comenzar la obra Salomón hizo pacto con Hiram, uno de los reyes vecinos, mediante el cual los recursos de Tiro y Sidón quedaron comprendidos en la gran empresa. Por medio de esta alianza se pudo disponer de los magníficos bosques del Líbano; se cortaron cedros, cipreses y otros árboles a millares y se llevaron por mar al sitio más conveniente para transportarlos por tierra a Jerusalén. Se explicó con anticipación a Hiram que la demanda sería pesada, pues, Salomón le dijo: “La casa que tengo que edificar, ha de ser grande; porque el Dios nuestro es grande sobre todos los dioses”.33 Pusieron a trabajar a los sidonios, los más hábiles de los cortadores de madera, y se proporcionaron en abundancia las maderas del Líbano. Se puede juzgar lo extenso de la demanda por el cuantioso pago que Salomón ofreció y cumplió.34
Se emplearon trabajadores israelitas en grandes números, tanto para trabajar con los sidonios como en casa. Leemos, pues, que:
El rey Salomón decretó leva en todo Israel, y la leva fue de treinta mil hombres, los cuales enviaba al Líbano de diez mil en diez mil, cada mes por turno, viniendo a estar un mes en el Líbano, y dos meses en sus casas; y Adoniram estaba encargado de aquella leva.
Tenía también Salomón setenta mil que llevaban las cargas, y ochenta mil cortadores en el monte; sin los principales oficiales de Salomón que estaban sobre la obra, tres mil trescientos, los cuales tenían a cargo el pueblo que hacía la obra.
Y mandó el rey que trajesen piedras grandes, piedras costosas, para los cimientos de la casa, y piedras labradas.
Y los albañiles de Salomón y los de Hiram, y los hombres de Gebal, cortaron y prepararon la madera y la cantería para labrar la casa.35
Para emplear con éxito a tan extenso número de obreros se necesitaba un sistema eficaz de organización. No nos sorprende, por tanto, leer que prestaban servicio tres mil trescientos oficiales principales que estaban sobre la obra, y el éxito que acompañó la gran empresa da testimonio de la eficacia del sistema. Los israelitas y los hombres de Tiro y Sidón trabajaron armoniosamente, y gran parte de los materiales para la construcción se preparaban de acuerdo con su forma y medida en los bosques y canteras, de modo que “cuando se edificó la casa, la fabricaron de piedras que traían ya acabadas, de tal manera que cuando la edificaban, ni martillos ni hachas se oyeron en la casa, ni ningún otro instrumento de hierro”.36
Nuestra fuente principal de información, en lo que toca a la erección del gran templo, es el texto bíblico contenido en el Primer Libro de los Reyes, capítulos 6 y 7. Aparece una relación posterior en el Segundo Libro de Crónicas, capítulos 3 y 4, relación que, así como la descripción dada por Josefo,37 parece haber sido tomada de la fuente citada primero.
En forma general, el diseño del Templo de Salomón era el mismo del Tabernáculo de Reunión especialmente construido, aunque las dimensiones del templo eran el doble de las del tabernáculo. Recordaremos que el pórtico del tabernáculo medía cinco codos de profundidad, mientras que el del templo tenía una profundidad de diez codos; tanto en uno como en otro, el pórtico se extendía por toda la anchura de la casa. El Lugar Santo, o sea el primer recinto dentro de los muros, medía veinte codos de largo, por diez de ancho y diez de altura en el tabernáculo; en el templo sus dimensiones eran cuarenta por veinte, con una altura de veinte codos. El santuario interior, oráculo o Lugar Santísimo, era cúbico en el tabernáculo, y medía diez codos por cada uno de sus lados; en el templo este recinto sagrado era un cubo de veinte codos. El tabernáculo cubría una superficie de treinta y cinco codos por veinte; el templo, setenta codos por cuarenta. Estas medidas no toman en consideración las cámaras laterales, que en el tabernáculo tenían cinco codos de anchura; mientras que las que formaban parte del templo tenían una anchura máxima de diez codos. Incluyendo éstas, la superficie total del tabernáculo era de cuarenta codos por veinte, y la del templo ochenta codos por cuarenta; o, según la equivalencia usualmente aceptada, el tabernáculo tenía una extensión de veintisiete metros por trece, y el templo, de cincuenta y cuatro metros por veintisiete. La misma relación existía en cuanto a la altura; el tabernáculo medía quince codos y el templo treinta. Parece que el pórtico del templo sobrepujaba la altura del edificio principa1.38
En el pórtico se erguían, como guardias de los umbrales del templo, dos columnas de bronce de diseño esmerado, e indudablemente de significado emblemático. Eran consideradas de importancia tal, que merecieron ser descritas detalladamente, y el nombre de quien las hizo quedó inscrito en los archivos del templo. Fueron obra de Hiram de Tiro-no el rey del mismo nombre sino un artesano consumado, diestro en toda obra de bronce. Hiram vació las columnas, cada una de ellas de doce codos de circunferencia y dieciocho codos de altura, sin incluir los macizos capiteles en forma de lirios y adornados con hileras de granadas. Al pilar a la derecha de la entrada se le puso por nombre Jaquín, que significa “establecer”; y la columna del lado izquierdo se llamó Boaz, que significa “en su fuerza”.39 Sea cual fuere el significado más profundo relacionado con estas pesadas columnas, claramente se pone de relieve su simbolismo sugerido: fuerza y firmeza. Si en realidad sostenían el techo del pórtico, o se erguían independientemente como adornos y símbolos únicamente, el texto bíblico no lo aclara.
Los muros del gran templo eran de piedra labrada; y sin embargo,. interiormente no se veía ninguna de las piedras, porque las paredes estaban revestidas desde el piso hasta el techo con tablas de cedro, ricamente entalladas con figuras de flores, árboles y otros diseños, mientras que el piso era de madera de ciprés.40 Además, el interior estaba lujosamente adornado con un revestimiento de oro puro. La división que separaba el Oráculo o Lugar Santísimo, o sea el equivalente del velo del tabernáculo, fue cubierta en igual manera y quedó suspendida con cadenas de oro.41 Los querubines que simbolizaban la custodia del Oráculo estaban hechos de madera de olivo, cubiertos de oro ajustado a las talladuras.42
El vestíbulo o atrio se hallaba en el extremo al oriente, y constituía la única entrada a lo que era propiamente el templo, de manera que rodeaban el Lugar Santo y el Oráculo, por los tres lados restantes, numerosos aposentos pequeños de tres planos o altos. El aposento inferior tenía cinco codos de ancho, el de en medio seis codos de ancho y el tercero, siete. Esta particularidad de aumentar la anchura en proporción a la altura se logró disminuyendo la anchura de las paredes. Debido a esta reducción, los aposentos de cedro quedaron firmemente sostenidos, pero, sin formar parte de la estructura principal; se diseñó en tal forma que no se hizo necesario “empotrar las vigas en las paredes de la casa”.43 De manera que estas cámaras pequeñas eran “aposentos alrededor, contra las paredes de la casa”, pero al mismo tiempo de construcción independiente. Por lo que dice Ezequie1,44 estos aposentos deben haber sido treinta en total, aunque no se encuentra ningún detalle preciso. Probablemente se usaban para el servicio que les era requerido a los sacerdotes, además de la obra ceremonial relacionada con los rituales generales. Se entraba a estos aposentos por el lado derecho del edificio, y una escalera de caracol conducía a los aposentos superiores.
Sobre el nivel de las cámaras superiores había ventanas que daban luz al compartimiento exterior o el Lugar Santo, mas el Lugar Santísimo carecía de luz natural.
El mobiliario dentro del templo constaba de pocos objetos, sin embargo, cada pieza era de diseño especial y para uso exclusivo. En el Lugar Santísimo se hallaba la mesa o una serie de mesas para el pan sagrado de la proposición. También se mencionan un altar de oro y diez candeleros de oro puro colocados en la entrada del Lugar Santísimo, cinco de cada lado; además de lo anterior tenían tenazas de oro, cántaros y despabiladeras, tazas y cucharillas. Se preparó el Lugar Santísimo para recibir el arca del pacto, y para vigilar este receptáculo santo se dispusieron los dos grandes querubines, cada uno de diez codos de altura, hechos de madera de olivo y cubiertos de oro.
El templo se hallaba dentro de dos patios cerrados, conocidos generalmente como el atrio exterior y el atrio interior, respectivamente. Según se describe, el muro del atrio interior se componía de tres hileras de piedra labrada, en las cuales se colocó una hilera de vigas de cedro, y correspondía al único espacio cerrado del tabernáculo antiguo. En vista de que todas las medidas especificadas indican que el templo era el doble del tamaño del tabernáculo, este atrio debe haber sido de proporción correspondiente, y generalmente se cree que se extendía cien codos hacia el norte y el sur, y doscientos codos hacia el oriente y el poniente.45
En el interior del atrio, “delante del pórtico de Jehová”, se hallaba el altar del holocausto, hecho de bronce, de veinte codos de lado por diez de altura. Al servicio del altar pertenecían muchos de los utensilios, tales como los cuencas o tazones, calderas y paletas, elaborados especialmente bajo la dirección del gran artesano, Hiram de Tiro. Otro de los objetos prominentes dentro del atrio era el mar fundido, conocido también como el mar de bronce.46 Este amplio receptáculo tenía una circunferencia de treinta codos por cinco de altura, y estaba ricamente adornado. El grueso era “de un palmo menor”, y el borde había sido labrado como el borde de una flor. Descansaba sobre doce bueyes de bronce, dispuestos en grupos de tres, y cada grupo miraba respectivamente al norte, al sur, al oriente y al poniente. El mar fue colocado entre el altar y el pórtico “al lado derecho de la casa, al oriente, hacia el sur”.47 Se relacionaban con el mar de fundición diez recipientes más pequeños llamados fuentes, colocados sobre basas de construcción especial y dispuestos con ruedas para facilitar su movimiento.48 Estas fuentes se usaban como parte del servicio del altar para lavar las ofrendas; pero la fuente mayor o mar de fundición estaba reservaba para la purificación ceremonial de los sacerdotes.
Cuando quedó terminada la Casa del Señor, se hicieron extensos preparativos para su dedicación. Primero se hizo la instalación del arca del pacto y sus pertenencias, el tabernáculo de reunión y los vasos santos. Con gran solemnidad y al acompañamiento de sacrificios ceremoniales, los sacerdotes trajeron el arca y la colocaron dentro del Lugar Santísimo debajo de las alas de los querubines. En esa época el arca solamente contenía las dos tablas de piedra “que allí había puesto Moisés”. Sacaron las varas con las cuales se llevaba el arca, de manera que sus extremos se dejaban ver desde el Lugar Santo. Y aconteció que “cuando los sacerdotes salieron del santuario, la nube llenó la casa de Jehová”.49
Salomón entonces se dirigió a la multitud reunida y citó las circunstancias que impulsaron a David su padre a proyectar la construcción del templo que él, Salomón, había llevado a efecto, y proclamó la misericordia y bondad del Dios de Israel. Parado ante el altar de Jehova, en el atrio del templo, el rey extendió sus manos hacia el cielo y ofreció la oración dedicatoria. Hecho esto, bendijo al pueblo, diciendo: “Bendito sea Jehová, que ha dado paz a su pueblo Israel, conforme a todo lo que él había dicho; ninguna palabra de todas sus promesas que se expresó por Moisés su siervo, ha faltado. Esté con nosotros Jehová nuestro Dios, como estuvo con nuestros padres, y no nos desampare ni nos deje.50
Los servicios principales con sus festividades consiguientes duraron siete días, “y al octavo día despidió al pueblo; y ellos, bendiciendo al rey, se fueron a sus moradas alegres y gozosos de corazón, por todos los beneficios que Jehová había hecho a David su siervo y a su pueblo Israel”.51
Solamente la tercera parte de un siglo pudo este edificio espléndido conservar su supremacía y gloria. Hacia el fin de su reinado Salomón se tornó a lo malo a la vista de Dios, y el pueblo no fue lento en seguir a su rey por el camino de la iniquidad. Israel había flaqueado en su lealtad a Jehová, yendo en pos de dioses ajenos. Tras la muerte de Salomón la nación se dividió, y en el quinto año del reinado de Roboam, Sisac, rey de Egipto, puso sitio a la ciudad de David y aun despojó el templo y se llevó parte de los tesoros sagrados. Más tarde, Joás, rey de una parte de la nación dividida, tomó el oro, la plata y los utensilios sagrados de la casa de Jehová y los llevó consigo a Samaria.52 Así vemos que la profanación del templo no fue realizada totalmente por los enemigos de Israel; el pueblo, para el cual en un tiempo la Casa había sido sagrada, contribuyó a su profanamiento. Acaz, el impío rey de Judá, quitó el altar de su lugar y lo reemplazó con otro hecho conforme a su mandato, de acuerdo con el diseño de los altares de los paganos; además, quitó el mar de bronce de sobre los bueyes y desensambló las fuentes.53 Manasés, otro rey inicuo que reinó en Judá, adoró a Baal y estableció santuarios idólatras dentro de los recintos mismos del templo.54 Los tesoros de la Casa del Señor se emplearon para negociar entre reyes: así fue como Asa, rey de Judá, pagó la ayuda de Ben-adad para combatir a Israel;55 en la misma manera Joás compró la paz a Hazael, rey de Siria;56 y también Ezequías despojó la casa de Jehová para pagar tributo a los asirios.57
Se hicieron algunos intentos para reparar los peores destrozos causados en el templo por dentro y por fuera,58 pero parece que la Casa había sido abandonada a su suerte. En el año 586 antes de Jesucristo, Nabucodonosor, rey de Babilonia, consumó la destrucción del templo al tiempo de su conquista del reino de Judá. Se llevó las cosas de valor que aún quedaban, y el edificio fue destruido a fuego.59
Todavía se hace una referencia más a algunos de los utensilios que se hicieron para el servicio de Jehová, cuando fueron llevados para coronar el triunfo de Belsasar en su banquete pagano. Entonces se manifestó el desagrado del Señor, y el rey escuchó tembloroso su destino de labios de Daniel, porque no había hecho aprecio de la suerte que sobrevino su padre y se ensoberbeció contra el Señor del cielo; y había hecho traer los vasos de la casa de Dios para que él y sus grandes, sus esposas y concubinas pudiesen beber vino en ellos; y había adorado a los dioses de plata y oro, de bronce, de hierro, de madera y de piedra, que ni ven, ni oyen, ni saben; pero al Dios en cuya mano estaba su vida, y cuyos eran todos sus caminos, él nunca había glorificado. Había sido pesado en la balanza y fue hallado falto; y su reino le fue quitado. Esa misma noche fue muerto el rey Belsasar.60





