Las ricas telas de obra primorosa que formaban los lados y el techo del tabernáculo, estaban protegidas por cortinas hechas de pelos de cabra, las que a su vez estaban cubiertas con pieles. La construcción completa es llamada en las Escrituras el Tabernáculo de Reunión, traducción del original Ohel Moed, que según varios eruditos bien podría traducirse en Tienda de Reunión. No se debe suponer, sin embargo, que se refiere al sentido ordinario de un centro de reuniones, porque la reunión que aquí se expresa no es una concurrencia de adoradores, sino un sitio de comunicación entre Dios y su sacerdocio. La tienda o tabernáculo de reunión en Israel era la Tienda del Señor, en la cual se reunía con los representantes autorizados de su pueblo.
El primer día del segundo año, tras el éxodo de Israel de Egipto, se erigió el tabernáculo por primera vez, y todos los enseres sagrados quedaron dispuestos de acuerdo con el mandamiento directo del Señor. Se colocó el velo, y el sitio fue consagrado como un lugar santísimo, inefablemente sagrado como morada de Jehová. Entonces, así como en el Sinaí una nube había envuelto la morada provisional de Dios, así sucedió con el tabernáculo:
Entonces una nube cubrió el tabernáculo de reunión, y la gloria de Jehová llenó el tabernáculo.
Y no podía Moisés entrar en el tabernáculo de reunión, porque la nube estaba sobre él, y la gloria de Jehová lo llenaba.
Y cuando la nube se alzaba del tabernáculo, los hijos de Israel se movían en todas sus jornadas; pero si la nube no se alzaba, no se movían hasta el día en que ella se alzaba.
Porque la nube de Jehová estaba de día sobre el tabernáculo, y el fuego estaba de noche sobre él, a vista de toda la casa de Israel, en todas sus jornadas11
El concepto principal y dominante en la erección de este santuario portátil era el de expresar la asociación íntima entre Jehová y su pueblo, Estos habían de considerarse particularmente el pueblo de Dios, y entre ellos debía estar su morada, sobrepujando en un grado trascendental la presencia de los dioses de madera y de piedra alojados entre las naciones idólatras con las que Israel tenía que contender. Este concepto se expresó en el primer mandamiento respecto de la construcción del tabernáculo: “Y harán un santuario para mí, y habitaré en medio de ellos.”12
Más verdaderamente indispensable aún que un tabernáculo o templo, en la conservación de una relación íntima con Dios, es el sacerdocio. Por tanto, era de esperarse que con el establecimiento de un santuario sagrado se hicieran nombramientos y ordenaciones en virtud de los cuales los hombres pudieran verdaderamente ser apartados para los oficios sagrados del sacerdocio. Aun cuando Moisés era el gran sumo sacerdote de Israel, a la cabeza de una dispensación particular de autoridad y poder divinos, había muchas funciones sacerdotales correspondientes a las órdenes menos exaltadas, y para éstas fueron apartados Aarón y sus cuatro hijos, Nadab, Abiú, Eleazar e Itamar. Así como se había construido el tabernáculo de acuerdo con instrucciones precisas que comprendían hasta los detalles más íntimos, en igual manera se prescribió el ministerio del sacerdocio y se estableció el orden de adoración mediante el cual se pudiera recordar al pueblo que entre ellos moraba Jehová, delante de quien no habrían de poner dioses ajenos.13
El tabernáculo se preparó principalmente para un servicio migratorio, por lo que sus partes fueron elaboradas separadamente y ajustadas de tal manera que se pudieran armar o desarmar con facilidad. Cuando se asentaba dentro de su atrio, el tabernáculo ocupaba el lugar de honor en el centro del campamento.
Hacia el oriente y por tanto, inmediatamente frente a la entrada del atrio, se hallaban las tiendas de los sacerdotes, mientras los levitas acampaban por los otros tres lados. Debido a su proximidad, han sido comparados a la guardia de corps del Gran Rey14 cuyo trono estaba dentro del santuario. Allende éstos, las demás tribus se estacionaban en orden de precedencia establecida. Cuando se desarmaba e iba en tránsito, mientras el pueblo viajaba, el tabernáculo aún conservaba el lugar central; sus portadores eran los levitas y su guardia, todo el ejército de Israel.
Hasta que Israel se hubo establecido permanentemente en la tierra de promisión, el tabernáculo de reunión no conoció sino sitios provisionales de descanso. Por donde el pueblo viajaba era llevado el santuario, hasta que encontró un sitio algo permanente en Silo. Allí, frente a la puerta del tabernáculo, se hizo la última repartición,. de Canaán entre las tribus;15 y allí permaneció durante la época de los Jueces, y hasta después que se permitió que el arca de Dios pasara de la custodia de Israel a la de los filisteos, por causa del pecado.16 La gloria del santuario mayormente se perdió, y aunque el tabernáculo continuó existiendo, el servicio sagrado fue suspendido.
Tristemente se expresó esta verdad: “Traspasada es la gloria de Israel; porque ha sido tomada el arca de Dios.”17 Existe evidencia de que por un breve tiempo durante el reinado de Saúl, el tabernáculo se estableció en Nob; porque encontramos que allí el sacerdote Ahimelec mantenía el servicio de los panes de la proposición,18 pero el arca del pacto ciertamente no estaba allí.19 Entonces leemos que el tabernáculo estuvo en Gabaón, pero no se exponen en forma completa las condiciones que dieron por resultado que fuese llevado a ese lugar. El arca quedó alojada en otra tienda, y finalmente el tabernáculo y el arca fueron llevados al espléndido Templo de Salomón que reemplazó todos los santuarios anteriores.
EL TERCER TABERNÁCULO.
Hubo otra tienda de santuario que se preparó y se usó en Israel antes de la erección del gran templo. Por conveniencia podemos llamarla el tercer tabernáculo; éste fue erigido por el rey David en su propia ciudad, para alojar el arca del pacto. Como ya se ha citado, las Escrituras relatan la toma del arca por los filisteos y su regreso a Israel. Esto aconteció durante la última parte de la administración de los Jueces, antes que Israel se postrara ante un rey en Canaán.20
Durante el reinado de Saúl, el arca permaneció bajo el techo de una casa particular, en la cual, sin embargo, se conservaba a un sacerdote para su cuidado y ministerio. Uno de los primeros actos de David, después de llegar a ser rey, fue proyectar el traslado del arca a un sitio más adecuado. En el curso de este traslado Uza fue herido de muerte, porque sin autoridad intentó poner sus manos sobre el receptáculo sagrado; y esta manifestación de desagrado divino tanto impresionó a David, que demoró su propósito de establecer el arca en su propia ciudad y la hizo llevar a otra casa particular, la de Obed-edom geteo.21Mientras el arca permaneció bajo ese techo la casa fue bendecida y prosperó. Con el transcurso del tiempo se llevó a efecto el plan original, y el arca fue colocada en una tienda especialmente preparada para su recepción en la ciudad de David: “Metieron, pues, el arca de Jehová, y la pusieron en su lugar en medio de una tienda que David le había levantado; y sacrificó David holocaustos y ofrendas de paz delante de Jehová.”22
De manera que durante el reinado de David hubo dos sitios que eran considerados como santuarios, y la adoración del pueblo se hallaba dividida. Salomón parece haber reconocido la santidad de ambos lugares: el sitio donde descansaba el arca en Jerusalén y el lugar del tabernáculo de reunión en Gabaón.23 Por su intermedio ambos santuarios una vez más pudieron combinarse en uno.24
EL TEMPLO DE SALOMÓN.
No bien se hubo depositado el arca del pacto en la capital del reino-la ciudad de David-el rey sintió deseos de erigir, para alojarla, una morada más estable que la tienda en la cual había sido instalada con pompa y ceremonia. Parece que no estaba tranquila la conciencia del rey al pensar que él ocupaba una habitación mucho mejor que la del santuario del Señor: “Aconteció que morando David en su casa, dijo David al profeta Natán: He aquí yo habito en casa de cedro, y el arca del pacto de Jehová debajo de cortinas.”25 Era el deseo de David edificar una Casa adecuada para el Señor, y el profeta Natán al principio alentó dicha empresa. Sin embargo, el Señor habló a Natán y le instruyó que no aceptara la dádiva ofrecida por el rey. Aunque Jehová había estado sin una morada fija, reconocida por el pueblo como suya, y no obstante su declaración de que no había habitado en casa alguna entre Israel, sino que había estado de tienda en tienda y de tabernáculo en tabernáculo26, y aun cuando, como lo da a entender el contexto, se había desatendido al Señor en la larga demora de la construcción de una casa a su nombre, mas con todo, David no podía ser honrado con la comisión ni aun con el permiso de edificar tal casa, porque era considerado como hombre que había derramado sangre.27 No queramos juzgar la extensión de las ofensas de David, porque sería usurpar la prerrogativa divina; bástenos saber que hasta una dádiva real puede ser rechazada, si hay cosa alguna que requiera una reconciliación entre el ser mortal y su Dios. No obstante, se le permitió a David proporcionar los medios y recoger el material que más tarde se habría de usar en la construcción del templo;28 además, por intermedio de él se escogió y santificó el sitio mismo sobre el cual el gran edificio subsiguientemente fue erigido. Había sobrevenido a Israel una grave peste, y David vio al ángel de Jehová, enviado para efectuar la destrucción, con una espada desnuda en su mano en el monte Moriah donde estaba la era de Arauna jebuseo.29 Ese sitio, santificado por la presencia de un mensajero celestial, bien que dicho mensajero era el ángel de muerte, quedó señalado mediante la erección de un altar, como lo mandó el Señor por boca del profeta Gad.30
Al ver David que le quedaban pocos años de vida, impuso a Salomón, su hijo y sucesor escogido, el cargo solemne de edificar la casa que a él se le había prohibido construir. El rey habló patéticamente de su propia descalificación, y entonces repitió la promesa del Señor de aceptar la obra realizada por mano de Salomón. Las Escrituras lo relatan de esta manera:
Y David antes de su muerte hizo preparativos en gran abundancia.
Llamó entonces David a Salomón su hijo, y le mandó que edificase casa a Jehová Dios de Israel.
Y dijo David a Salomón: Hijo mío, en mi corazón tuve el edificar templo a nombre de Jehová mi Dios.
Mas vino a mí palabra de Jehová, diciendo: Tú has derramado mucha sangre, y has hecho grandes guerras; no edificarás casa a mi nombre, porque has derramado mucha sangre en la tierra delante de mí.
He aquí te nacerá un hijo, el cual será varón de paz, porque yo le daré paz de todos sus enemigos en derredor; por tanto, su nombre será Salomón, y yo daré paz y reposo sobre Israel en sus días.
El edificará casa a mi nombre, y él me será a mí por hijo, y yo le seré por padre; y afirmaré el trono de su reino sobre Israel para siempre.
Ahora pues, hijo mío, Jehová esté contigo, y seas prosperado, y edifiques casa a Jehová tu Dios, como él ha dicho de ti.
Y Jehová te dé entendimiento y prudencia, para que cuando gobiernes a Israel, guardes la ley de Jehová tu Dios.
Entonces serás prosperado, si cuidares de poner por obra los estatutos y decretos que Jehová mandó a Moisés para Israel. Esfuérzate, pues, y cobra ánimo; no temas, ni desmayes.
He aquí, yo con grandes esfuerzos he preparado para la casa de Jehová cien mil talentos de oro, y un millón de talentos de plata, y bronce y hierro sin medida, porque es mucho. Asimismo he preparado madera y piedra, a lo cual tú añadirás.
Tú tienes contigo muchos obreros, canteros, albañiles, carpinteros, y todo hombre experto en toda obra.
Del oro, de la plata, del bronce y del hierro, no hay cuenta. Levántate, y manos a la obra; y Jehová esté contigo.
Asimismo mandó David a todos los principales de Israel que ayudasen a Salomón su hijo, diciendo:
¿No está con vosotros Jehová vuestro Dios, el cual os ha dado paz por todas partes? Porque él ha entregado en mi mano a los moradores de la tierra, y la tierra ha sido sometida delante de Jehová, y delante de su pueblo.
Poned, pues, ahora vuestros corazones y vuestros ánimos en buscar a Jehová vuestro Dios; y levantaos, y edificad el santuario de – Jehová Dios, para traer el arca del pacto de Jehová, y los utensilios consagrados a Dios, a la casa edificada al nombre de Jehová.31
David dio a Salomón instrucciones detalladas en cuanto al diseño y especificaciones de la casa y sus pertenencias, el plano del pórtico y de la estructura principal y sus dependencias, “asimismo el plano de todas las cosas que tenía en mente”. Además, le dio instrucciones en cuanto al ministerio de los varios órdenes de sacerdotes y levitas “para toda la obra del ministerio de la casa de Jehová, y para todos los utensilios del ministerio de la casa de Jehová”.32






