EL TEMPLO DE MANTI.
Antes de iniciarse la construcción del Templo de Logan, se estaban haciendo los preparativos para la erección de otra Casa del Señor. Se determinó edificar este nuevo santuario en Manti, ciudad principal del condado de Sanpete, situada a ciento sesenta y seis kilómetros hacia el sur de Salt Lake City, en línea recta, y doscientos ocho kilómetros por ferrocarril. En una circular expedida por la Primera Presidencia y el Consejo de los Doce el 25 de octubre de 1876, se determinaron los límites del distrito del Templo de Manti, como se ve por lo siguiente:
Nos sentimos constreñidos a decir a los Santos de los Últimos Días en todas estas montañas, levantémonos y edifiquemos templos a nuestro Dios en los lugares que El señale, en los cuales nosotros y nuestros hijos podremos entrar para recibir las bendiciones que El tiene reservadas para nosotros. Convoquen los obispos de las colonias en los condados de Washington, Kane, Iron, Piute, Beaver, Sevier, Sanpete y Juab, a los miembros de sus barrios y se informen cuánto está dispuesto a contribuir cada uno de ellos, en trabajo y medios, mensual, trimestral y anualmente, para la erección de un templo en Manti, condado de Sanpete.
No hay que olvidar que en esos días el pueblo se estaba esforzando por completar el Templo de Saint George y estaba dando los pasos preliminares para la construcción del de Logan; y que durante este mismo período se estaba esforzando por finalizar el Templo de Salt Lake City. Sin embargo, no obstante el peso de estos deberes, que muchos llamarían tareas cuando no cargas, se oyó la voz de las autoridades que indicaba otra gran empresa del mismo género.
En cuanto al sitio preciso que iba a ocupar el Templo de Manti, se había llegado a una determinación en una reunión de las autoridades realizada en Ephraim, el 25 de junio de 1875, y se había reservado para el propósito el sitio conocido como la cantera de piedra de Manti. El sitio designado es la terminación o extremo de un cerro, que a su vez tiene la apariencia de ser el estribo de una serie de cerros de poca elevación, señalado por el crestón de un depósito de oolita de buena estratificación y vetas parejas. Se trata de una piedra granulada, cuyas partículas separadas son esferoides menudos compuestos de capas concéntricas de carbonato de calcio. Bajo un vidrio de aumento, la piedra se parece a las huevas de los peces, y de ahí que oolita, el nombre de la piedra, significa literalmente piedra de huevo. La selección de este sitio para levantar el templo significaba que el edificio literalmente se construiría sobre la roca, sobre roca en su propio lugar, en un terreno virgen. El templo se iba a construir de la piedra allí existente, cortada y labrada para proporcionar belleza y servicio a la vez. El material se adapta admirablemente al propósito; es fácil de cortar, fácil de trabajar, más con todo es atractivo en cuanto a textura así como color, dado que la oolita de Manti es de veta uniforme y de un bonito color crema. Se ha usado extensamente en la erección de algunas de las residencias más elegantes de Salt Lake City y, además, es el material del cual se hizo el Anexo del Templo de Salt Lake, así como el revestimiento de las ventanas y otros adornos de esta magna obra de granito.
El 25 de abril de 1877 se dedicó el sitio en Manti. En presencia de muchas de las autoridades generales de la Iglesia. y otros cientos de personas, el presidente Young, puesto de pie en el ángulo sudeste del terreno del templo, sacó la primera palada de tierra y dedicó el sitio er un solemne servicio, en el cual él mismo ofreció la oración.5
Entonces dio breves instrucciones en cuanto a la manera de proceder en lo futuro, recalcando el hecho de que el templo habría de ser construido con el trabajo de los miembros y como ofrenda voluntaria, y que la obra allí realizada no se debía emplear para lograr utilidades. Su discurso claramente indica la consideración particular de los Santos de los Últimos Días hacia la gran comisión que han recibido de edificar templos al Señor. El discurso sigue a continuación:
Exhortamos ahora al pueblo, por conducto de los varios obispos que presiden ésta y las colonias vecinas, a que vengan hombres con tiros y carros, con arados y escarbadoras, picos y palas, y preparen la tierra para la obra de albañilería. Dese principio a esta obra en seguida; y esperamos que en cuanto sea posible se presenten diariamente de cincuenta a cien hombres para trabajar aquí durante la temporada.
Es nuestra intención edificar este templo para nosotros mismos, y tenemos abundante capacidad para hacerlo; por tanto, ningún hombre venga aquí a trabajar esperando recibir paga por sus servicios. Las colonias vecinas enviarán a sus hombres, y éstos pueden ser reemplazados cuando sea deseable, y con la frecuencia necesaria; y se les puede abonar como diezmos en trabajo o en la cuenta de donativos por sus servicios, y esperamos que trabajen aquí, sin pedir salario, hasta terminarse este templo. No conviene al carácter de los miembros convertir la construcción de templos en mercadería.
Deseamos edificar este templo con manos limpias y corazones puros, a fin de que nosotros, con nuestros hijos, entremos en él para recibir nuestros lavamientos y unciones, las llaves y ordenanzas del santo sacerdocio, y también oficiar en él por nuestros padres y madres, y por nuestros antepasados que vivieron y murieron sin el evangelio, a fin de que ellos con nosotros podamos participar de los frutos del árbol de la vida, y vivir y regocijarnos en el reino de nuestro Padre. El evangelio es gratuito, sus ordenanzas son gratuitas y somos libres para edificar este templo al nombre del Señor sin cobrar a nadie por nuestros servicios.
Exhortamos también a las hermanas a que presten cuanta ayuda puedan en este asunto. Pueden hacer mucho animando a sus esposos e hijos; también haciendo ropa de varias clases para ellos y de otras maneras proveerles lo que necesiten mientras estén trabajando aquí.
Ahora, obispos, si alguna persona pregunta qué salario se le va a pagar por el trabajo que haga en el templo, sea ésta vuestra respuesta: “Ni un centavo.” Y cuando se termine el templo, trabajaremos en la santa casa de Dios sin preguntar qué vamos a recibir, o quién nos va a pagar, antes confiaremos en que el Señor nos ha de recompensar, y El no nos olvidará. “Mirad las aves del cielo (dice el Salvador) que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre Celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas?”
Dese principio a esta obra sin dilación. Aquí no se puede construir durante el invierno como en Saint George. La edificación de este templo tendrá que realizarse en los meses más templados de la estación, cuando no haya hielo en la atmósfera.
Dios os bendiga, hermanos y hermanas. Esperamos y rogamos que seáis inspirados para efectuar esta obra con honor para vosotros y para la gloria de Dios. Esta es la obra de los postreros días en que estamos empeñados, y ésta es la manera en que Sión será edificada. Continuaremos nuestras obras en casa, y llevaremos el evangelio a todas las naciones de la tierra, a toda la Casa de Israel; y continuará la buena obra de redención y salvación hasta que todo esté completo y Jesús presente el reino al Padre. Amén.6
La excavación se inició con otra ceremonia adicional de oración. Leemos que a las ocho de la mañana del 30 de abril de 1877 se reunieron unas cien personas en el solar del templo, donde todos se pusieron de rodillas mientras se ofreció la oración, tras lo cual hombres y caballos dieron principio a la obra de preparar los cimientos para el importante edificio. La singularidad del sitio exigió la construcción de terraplenes u otras maneras de ascender gradualmente del nivel del valle al cerro del templo. Para diciembre de 1878 cuatro terraplenes adicionales quedaron terminados en bruto, y para el siguiente mes de abril la excavación para los cimientos estaba lista. Una pendiente uniforme, con un muro de contención al fondo, hoy reemplaza la construcción terraplenada.
El 14 de abril de 1879 se colocaron las piedras angulares. El presidente Young, bajo cuya dirección se escogió cada uno de los solares para los templos en Utah y se inició la construcción de los mismos, había fallecido; y en esa época no se había instalado una nueva Primera Presidencia. La autoridad para presidir la Iglesia descansaba en el Consejo de los Doce Apóstoles, cuyo presidente era John Taylor. En la fecha ya indicada se reunió una congregación numerosa cerca del sitio para el templo, y formando una procesión se trasladaron al ángulo sudeste del terreno. Allí, tras los preliminares apropiados de himnos y oración, Erastus Snow, uno de los Doce, pronunció un discurso. William H. Folsom, el arquitecto encargado de la obra, colocó la piedra angular del sudeste y Lorenzo Snow, del Consejo de los Doce, ofreció la oración sobre la misma. Siendo ésta la principal piedra del ángulo, se designó para que fuese la piedra depositaria, y en un hueco previamente dispuesto se colocaron y sellaron publicaciones y otra literatura de la Iglesia, antes de poner la piedra oficialmente en su lugar. El obispo Edward Hunter, Obispo Presidente de la Iglesia, colocó la piedra del sudoeste, y su consejero, Leonard W. Hardy, pronunció la oración. F. W. Cox, presidente del quórum de sumos sacerdotes de la Estaca de Sanpete, entonces colocó la piedra del ángulo nordeste, y uno de los miembros de ese consejo, el élder John Van Cott, pronunció la oración dedicatoria. Aproximadamente cuatro mil personas presenciaron los servicios.
Desde la colocación de las piedras angulares hasta la terminación de la obra, el trabajo progresó sin impedimentos serios. El edificio terminado mide 52.15 metros por 28.87 de ancho en su punto máximo. Las paredes se elevan veinticuatro metros sobre la primera cornisa, y ésta queda a noventa centímetros del nivel del suelo. El espesor de las paredes es de un metro en la base, y de 1.22 el de las pilastras, y a medida que van subiendo se reduce el grosor de las mismas. Al nivel del techo las paredes miden noventa centímetros y las pilastras setenta y cinco. La fachada principal del edificio mira hacia el este, como sucede con todos los templos existentes; no obstante, las entradas que más comúnmente se usan, así como la del Anexo, quedan al oeste. Los cimientos del extremo este topan contra el cerro, y sólo las personas que ascienden el monte a una altura dominante pueden ver en su totalidad este extremo del edificio. La torre hacia el este alcanza una altura de 54.60 metros; la del extremo oeste mide tres metros menos. La base de cada una de las torres es de nueve metros de lado. El nivel del suelo que rodea el edificio es dieciocho metros más alto que el de la calle al pie de la elevación sobre el cual se levanta el edificio. La entrada para automóviles hacia el este se halla al nivel de las escalinatas que conducen a las entradas del salón principal de asambleas en el piso superior.
El Anexo, de 30 metros de largo y 12.20 metros de ancho, es de un piso solamente, y está contiguo al edificio principal con el cual tiene comunicación. En este sitio se encuentran las instalaciones para la calefacción, y – también se han dispuesto cuartos de recepción, oficinas y una sala para servicios preliminares. El templo cuenta con su propio abastecimiento de agua que proviene de manantiales perennes ubicados en unos cerros a poco más de dos kilómetros de distancia.
En cuanto al interior, las piezas prácticamente corresponden con las que ya se han descrito en relación con otros templos. El salón principal de asambleas en el piso superior tiene cabida para más de mil quinientas personas. El costo del edificio cuando quedó listo para su dedicación se calculaba en un millón de dólares.
Se fijaron los servicios dedicatorios para el 21 de mayo de 1888. Por las noticias publicadas en esa época, es palpable que había un profundo interés en el magno acontecimiento. Leemos que:
Desde una hora muy temprana del día 21 de mayo, la gente empezó a reunirse sobre la colina al este del templo por donde iban a ser admitidos, y para las 9:30 los terrenos estaban llenos de gente.
La lluvia que había amenazado la noche anterior se había disipado, e hizo un día hermoso. Como había estado sucediendo los dos días anteriores, todos los caminos que conducían a Manti estaban tupidos de carros y coches, cada uno de ellos con su carga viviente que se dirigía a la dedicación .7
El presidente John Taylor, que en calidad de oficial presidente del Consejo de los Doce había dirigido la colocación de las piedras angulares, y más tarde fue presidente de la Iglesia, había fallecido en julio de 1887. Una vez más la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días se hallaba sin una Primera Presidencia organizada, y al tiempo de la dedicación del Templo de Manti, el Consejo de los Doce era el quórum8 presidente de la Iglesia. En esa época Wilford Woodruff era presidente del Consejo de los Doce.
Los servicios comenzaron a las 11:00 de la mañana, y para esa hora el amplio salón estaba completamente lleno. El acontecimiento principal, desde luego, fue la oración dedicatoria que ofreció el élder Lorenzo Snow del Consejo de los Doce. Pronunciaron discursos el Patriarca Presidente de la Iglesia, varios de los del Consejo de los Doce Apóstoles y otros hermanos prominentes en el sacerdocio. Por motivo del gran número de personas que deseaban concurrir, se repitieron los servicios los dos días siguientes, 22 y 23 de mayo. En cada una de estas ocasiones se leyó la oración dedicatoria, se cantaron himnos y antífonas, y hubo discursos a cargo de los oradores nombrados por las autoridades presidentes. Los servicios del primer día duraron cinco horas, y estuvieron presentes más de mil setecientas personas. Muchos de los miembros dieron testimonio de las notables manifestaciones de poder divino que presenciaron en esta ocasión grande y solemne.
El primer día, en el momento en que el profesor Smyth concluía el preludio-una selección de Mendelssohn un número de los miembros que ocupaban el salón y algunos de los hermanos sobre la plataforma hacia el oeste oyeron que cantaban voces celestes. Eran como voces de ángeles y parecían estar arriba y detrás de ellos, y muchos volvieron la cabeza en esa dirección creyendo que había otro coro en alguna otra parte del edificio. Sin embargo, no había otro coro.
Algunos de los miembros vieron el espíritu del presidente Young y del presidente Taylor, de J.M. Grant y otros en el templo, y durante los servicios apareció una aureola de luz celestial alrededor de la cabeza de algunos de los oradores. Los miembros gozaron de una fiesta espiritual que duró los tres días, y muchos vertieron lágrimas de gozo al escuchar los testimonios y amonestaciones de los siervos de Dios. No puede haber duda de que Dios ha aceptado el Templo de Manti de manos de sus santos, y bendecirá a todos aquellos que en cualquier grado ayudaron a edificarlo, o quienes, no teniendo los medios para ayudar, han dicho en su corazón: “Habría ayudado, si hubiera podido.”9
En años recientes se ha hecho algún trabajo en los terrenos para darle mayor belleza al sitio. Se ha construido una magnífica escalera desde el nivel de la calle hasta el umbral del templo. La escalera tiene una anchura de seis metros, con muros de contención de ambos lados, unidos a grandes columnas cuadradas en cada meseta. Los escalones, de los cuales hay ciento veinticinco, tienen una anchura de treinta centímetros y una elevación de quince centímetros cada uno. Hay nueve mesetas de 1.86 metros de ancho entre uno y otro extremo. El ápice de las escaleras se comunica directamente con la acera que rodea el templo. La escalera, sus muros y columnas están construidos de cemento, y alrededor del edificio también hay aceras de cemento.10 Sobre el césped que cubre la inclinación hacia el oeste se han intercalado atractivos árboles y arbustos, cada uno de los cuales está plantado en un hoyo excavado para tal fin en la roca sólida. La tierra donde crecen los arbustos, césped y flores proviene de otra parte.
El 28 de mayo de 1888 empezaron a efectuarse las ordenanzas en el Templo de Manti, y desde ese momento hasta el día de hoy esta obra ha continuado sin más interrupción que los períodos ordinarios de las vacaciones anuales.11
Notas
1 Véase “Dedication of St. George Temple Site”, por James G. Bleak, His¬toriador de la Misión del Sur, publicado en Latter-day Saints Millenial Star, Liverpool, Inglaterra, tomo XXXVI, núm. 16, 21 de abril de 1874. Véase también una publicación anterior en la misma revista, tomo XXXIII, núm. 51, 19 de diciembre de 1871. 2 Véase “Deseret News”, tomo XXIII, pág. 152. Véase también un interesante artículo basado en la información proporcionada por George Kirkham, hijo, “Deseret News”, tomo XXV, pág. 193. 3 A fin de realizar una extensa renovación y adiciones exteriores, el Templo de Saint George estuvo cerrado en 1974-75. En octubre de 1975 quedó abierto al público por un período de diez días, tras lo cual se volvió a dedicar el templo en servicios efec¬tuados los días 11 y 12 de noviembre de 1975, bajo la dirección del presidente Spencer W. Kimball. 4 E1 autor queda muy reconocido al presidente William Budge y sus asociados por su ayuda en recopilar los datos relacionados con el Templo de Logan. 5 Véase la oración en Latter-day Saints Millennial Star, tomo XXXIV, núm. 24, 11 de junio de 1877. 6 “Latter-day Saints Millennial Star” tomo XXXIX, núm. 24, 11 de junio de 1877, pág. 373. 7 Véase “La Dedicación del Templo de Manti” en. Latter-day Saints Millenial Star, tomo L, núm. 25, 18 junio de 1888, pág. 386. 8 En la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días se da un significado particular a la palabra quórum, en el sentido de un consejo o cuerpo organizado, y no solamente el de una mayoría o número necesario de determinado cuerpo. En el “Standard Dictionary” se define quórum “en la Iglesia Mormona” como “un consejo o cuerpo organizado del sacerdocio; por ejemplo, un quórum de élderes; el quórum de la Primera Presidencia”. 9 Latter-day Saints’ Millennial Star, tomo L, núm. 26, 25 de junio de 1888, pág. 4055.
10 Véase la publicación ilustrada de las escaleras y otras entradas al Templo de Manti publicadas en Deseret Evening News el 28 de diciembre de 1907, bajo el encabezamiento “Manti tiene la escalera de cemento más grande de todo el país”. En una carta al autor de la presente obra, Lewis Anderson, actual presidente del Templo de Manti, da fe de la exactitud de los informes dados. 11 El autor queda muy reconocido al oficial mayor del Templo, el presidente Lewis Anderson, y a sus asociados, por su ayuda en recopilar los datos sobre el Templo de Manti.






