Capítulo 1 Sección B

Unos dieciséis años antes del nacimiento de Cristo, Herodes 1, rey de Judá, inició la reconstrucción del Templo de Zorobabel, en ese tiempo decadente y virtualmente en ruinas. Esta estructura había durado cinco siglos, e indudablemente se había deteriorado con el tiempo. Muchos de los acontecimientos de la vida terrenal del Salvador se relacionan con el Templo de Herodes. Es evidente, según las Escrituras, que aun cuando se oponía a los usos degradados y comerciales que impusieron sobre el Templo, Cristo reconoció la santidad de sus recintos. El Templo de Herodes era una estructura sagrada, y pese al nombre por el cual era conocida, para Jesús era la Casa del Señor. Entonces, cuando el tenebroso velo descendió sobre la gran tragedia del Calvario, cuando por último se lanzó desde la cruz el grito agonizante, “Consumado es”, el velo del Templo se rasgó en dos, y quedó al descubierto lo que en otro tiempo había sido el Lugar Santísimo. Mientras vivía aún en la carne,22 nuestro Señor había predicho la total destrucción del Templo. En el año 70 de nuestra era el Templo fue completamente destruido por fuego en la toma de Jerusalén por los romanos al mando de Tito.

El Templo de Herodes fue el último templo que se erigió en el hemisferio oriental. Desde la destrucción de ese gran edificio hasta el tiempo del restablecimiento de la Iglesia de Jesucristo en el siglo diecinueve, todo lo que sabemos de la edificación de templos es lo que se menciona en los anales nefitas. Las escrituras del Libro de Mormón afirman que los colonos nefitas erigieron templos en lo que hoy es conocido como el hemisferio americano; pero son pocos los detalles que tenemos en cuanto a su construcción, y menos todavía lo que sabemos de las ordenanzas administrativas correspondientes a estos templos occidentales. El pueblo construyó un templo como en el año 570 a. de J.C., el cual, según se nos informa, siguió el modelo del Templo de Salomón aunque muy inferior a esta lujosa estructura en esplendidez y costo.23 Es de interés leer que cuando el Señor resucitado se manifestó a los nefitas en el continente occidental, los encontró reunidos en los alrededores del templo.24 Sin embargo, ya para el tiempo de la destrucción del Templo de Jerusalén, no se mencionan templos en el Libro de Mormón, y por otra parte, la nación nefita llegó a su fin antes del cuarto siglo después de Cristo. Es evidente, por tanto, que en ambos hemisferios dejaron de existir los templos en las primeras etapas de la apostasía y que entre el género humano pereció el concepto mismo de un templo, en el sentido particular.

Por muchos siglos no se hizo al Señor la ofrenda de un santuario; por cierto, parece que no se reconocía que tal hiciera falta. La iglesia apóstata declaró que la comunicación directa de Dios había cesado; y en lugar de administración divina, asumió el poder supremo un gobierno constituido por sí mismo. Se pone de manifiesto que, en lo que a la Iglesia concernía, se había hecho callar la voz del Señor; que la gente no estaba dispuesta por más tiempo a escuchar la palabra de revelación y que agencias humanas habían abrogado el gobierno de la Iglesia.25

Durante el reinado de Constantino, cuando un cristianismo pervertido se convirtió en la religión del estado, seguía aún totalmente inadvertida o menospreciada la necesidad de un lugar donde Dios pudiera revelarse. Cierto es que se construyeron muchos edificios, la mayor parte de ellos costosos y espléndidos, de los cuales algunos fueron consagrados a Pedro y a Pablo, a Santiago y a Juan; otros a la Magdalena y a la Virgen; pero no se construyó uno solo por autoridad y nombre para la honra de Jesús el Cristo. Entre la multitud de capillas y santuarios, de iglesias y catedrales, el Hijo del Hombre no tenía un lugar que pudiera llamar suyo. Se declaró que el papa, con sede en Roma, era el vicario de Cristo, y que sin revelación estaba facultado para declarar la voluntad de Dios.26

No fue sino hasta la restauración del evangelio en el siglo diecinueve, con sus antiguos poderes y privilegios, que una vez más se manifestó el Santo Sacerdocio entre los hombres; y téngase presente que la autoridad para hablar y obrar en el nombre de Dios es esencial a un Templo, y que éste es nulo sin la autoridad sagrada del Santo Sacerdocio. En el año 1820 de nuestro Señor, José Smith, el profeta de esta última dispensación, en esa época un joven de quince años, recibió una manifestación divina,27 en la cual el Padre Eterno y su Hijo Jesucristo se aparecieron e instruyeron al joven suplicante. Por medio de José Smith se restauró a la tierra el evangelio de los días anteriores y se restableció la antigua ley. Con el transcurso del tiempo, mediante el ministerio del Profeta, se organizó la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días, cuyo establecimiento se distinguió por manifestaciones de poder divino.28

Es significativo el hecho de que esta Iglesia, fiel a la distinción que afirma-la de ser la Iglesia del Dios viviente, como su nombre lo indica-desde los primeros días de su historia, empezó a prepararse para la construcción de un templo.29 La Iglesia se organizó como corporación terrenal el 6 de abril de 1830 de nuestra era, y en julio del año siguiente se recibió una revelación en la que se indicaba el sitio de un templo futuro cerca de Independence, Misurí. La construcción de un templo en este lugar escogido aún está pendiente; e igual cosa sucede con otro solar para un templo en Far West, Misuri30 del cual se colocaron las piedras angulares en 1838. La Iglesia considera como encargo sagrado la comisión de edificar los templos en estos sitios, pero hasta ahora no se ha dispuesto la vía para la consumación del plan. Mientras tanto, se han construido templos en otros lugares, y la erección de seis de estos edificios sagrados ahora señala la dispensación moderna.

El primer día de junio de 1833, en una revelación dada al profeta José Smith, el Señor ordenó la construcción inmediata de una casa santa, en la cual El prometió investir a sus siervos escogidos con poder y autoridad.31 El pueblo correspondió al llamado con voluntad y devoción, y a pesar de su extremada pobreza y frente a una persecución implacable, la obra se llevó a cabo hasta su conclusión, y en marzo de 1836 se dedicó el primer templo de la época moderna en Kirtland, Ohio.32 Manifestaciones divinas, comparables con las que acompañaron la presentación del primer templo en días antiguos, caracterizaron los servicios dedicatorios, y en ocasiones posteriores aparecieron dentro de los recintos sagrados seres celestiales con revelaciones de la voluntad divina para el hombre. En ese lugar nuevamente se vio y se oyó al Señor Jesucristo.33 Dentro de dos años de la fecha de su dedicación, aquéllos que construyeron el Templo de Kirtland tuvieron que abandonarlo, obligados a huir por motivo de la persecución. Con su partida el templo sagrado llegó a ser sólo una casa ordinaria, repudiada por el Señor a cuyo nombre se había levantado. El edificio todavía está en pie, y lo usa como centro de reuniones una secta pequeña y comparativamente desconocida.

Los Santos de los Últimos Días emigraron hacia el oeste, y se establecieron primeramente en Misurí y más tarde en Illinois, donde la sede de la Iglesia se estableció en Nauvoo. No bien se hubieron acomodado en su nueva morada, la voz de la revelación se oyó una vez más, llamando al pueblo a que nuevamente construyera una casa sagrada al nombre de Dios.

Las piedras angulares del Templo de Nauvoo se colocaron el 6 de abril de 1841, y se le puso el coronamiento el 24 de mayo de 1845; ambos actos se celebraron con una asamblea solemne y servicios sagrados. Aunque era palpable que se verían obligados a huir nuevamente, y aun cuando sabían que el Templo tendría que ser abandonado poco después de terminarlo, todos trabajaron con fuerza y diligencia para completar y amueblar debidamente el edificio. Se dedicó el 30 de abril de 1846 aunque ciertas de sus partes, tales como la pila bautismal, previamente se habían dedicado y usado para efectuar ordenanzas. Muchos de los miembros recibieron sus bendiciones y santas investiduras en el Templo de Nauvoo, bien que, aun antes de terminarse el edificio, ya había empezado el éxodo del pueblo. El Templo fue abandonado por aquellos que en su pobreza y a fuerza de sacrificios lo habían erigido. En noviembre de 1848 fue víctima de incendiarios, y en mayo de 1850 un huracán arrasó lo que quedaba de las paredes quemadas.

El 24 de julio de 1847 los pioneros “mormones” entraron en los valles de Utah mientras la región era todavía territorio mexicano, y establecieron una colonia donde hoy se levanta la ciudad de Salt Lake. Cuatro días después, Brigham Young, profeta y director, indicó un sitio en la tierra desértica, y golpeando la tierra seca con su bastón, proclamó: “Aquí estará el Templo de nuestro Dios.” Este sitio es el que en la actualidad ocupa la hermosa Manzana del Templo, alrededor de la cual la ciudad ha crecido. En febrero de 1853 se dedicó el terreno con un servicio sagrado, y el día 6 del mes de abril siguiente se colocaron las piedras angulares al acompañamiento de solemnes e imponentes ceremonias. La construcción del Templo de Salt Lake City duró cuarenta años; la piedra de remate se colocó el 6 de abril de 1892 y un año después se dedicó el edificio terminado.

De los cuatro templos que hasta hoy se han edificado en Utah, el de Salt Lake City fue el primero que se comenzó y el último en ser terminado. Durante el curso de su construcción, los Santos de los Últimos Días edificaron tres templos más en Utah, uno en Saint George, uno en Logan y otro en Manti. Si agregamos a éstos los dos templos anteriores-de Kirtland, Ohio y el de Nauvoo; Illinois-son seis los edificios sagrados que se han erigido ya en la presente y última dispensación del sacerdocio, la dispensación del cumplimiento de los tiempos.

No es el propósito del presente capítulo considerar en detalle ningún templo en particular, ya sea antiguo o moderno, sino más bien indicar las características esenciales y distintivas de los templos, así como aclarar el hecho de que tanto en tiempos antiguos como modernos la construcción de templos ha sido, para el pueblo del convenio, una obra particularmente requerida de sus manos. De 1 que se ha dicho, se destaca que un Templo es más que una capilla o iglesia, más que una sinagoga o catedral; es un edificio erigido en calidad de Casa del Señor, sagrada para la más íntima comunión entre el Señor mismo y el Santo Sacerdocio, y consagrada a las más altas y sagradas ordenanzas que corresponden a la edad o dispensación a la cual pertenece determinado Templo. Además, para que efectivamente pueda ser un santo Templo-aceptado por el Señor y por El reconocido como su Casa-la ofrenda debe haberse solicitado, y tanto ésta como el que la ofrece deben ser dignos.

La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días proclama que posee el santo sacerdocio nuevamente restaurado a la tierra, y que está investida con la comisión divina de erigir y conservar templos dedicados al nombre y servicio del Dios verdadero y viviente, y administrar dentro de estos edificios sagrados las ordenanzas del sacerdocio, cuyo efecto estará en vigor así en la tierra como allende el sepulcro.

Notas

1.- En relación con esto, es interesante e instructivo considerar el significado del nombre Bethel, contracción de Beth Blohim, que dio Jacob al lugar donde se le manifestó la presencia del Señor. Dijo: “Ciertamente Jehová está en este lugar, y yo no lo sabía. Y tuvo miedo, y dijo: ¡Cuán terrible es este lugar! No es otra cosa que casa de Dios, y puerta del cielo. Y se levantó Jacob de mañana, y tomó la piedra que había puesto de cabecera, y la alzó por señal, y derramó aceite encima de ella. Y llamó el nombre de aquel lugar Bet-el.” (Génesis 28:16-19; léanse los versículos 10-22.)

2 Exodo 36:7.

3 Hebreos 9:1-7

4 Exodo 25:22

5 Exodo 40:34-38

6 Josué 18:1, véase también 19:51; 21:2;Jueces 18:31; 1 Sam. 1:3,24;4:3,4.

7 I Corintios 21:29, II Cor. 1:3

8 II Samuel 6:12; II Crónicas 5:2

9 II Samuel 7:2

10 I Crónicas 28:2.3, compárese con II Samuel 7:1-13

11 Crónicas 5:14; véase también 7:1, 2, y compárese con Exodo 40:35.

12 1 Reyes 14:25, 26.

13 1 Crónicas 24:7.

14 1 Reyes 16:7-9, 17 y 18; véase también 11 Crónicas 28:24, 25.

15 1 Crónicas 36:18, 19; véase también 11 Reyes 24:13; 25:9.

16 Jeremías 25:11, 12; 29:10.

17 Esdras, caps. 1 y 2.

18 Esdras, cap. 6.

19 Esdras 3:12, 13.

20 Esdras 4:4-24.

21 Esdras 6:15-22.

22 Mateo 24:2; Marcos 13:2; Lucas 21:6.

23 Véase Libro de Mormón 1 Nefi 5:16.

24 Véase Libro de Mormón 1 Nefi 11:1.

25 Véase “The Great Apostasy” del autor, cap. IX.

26 Véase “The Great Apostasy” del autor, cap. X.

27 Véase “Artículos de Fe” del autor, cap. 1, y referencias correspondientes.

28 Véase “Artículos de Fe” por el autor, en particular cap. 1, y notas correspondientes.

29 Véase Doctrina y Convenios 36:8; 42:36; 133:2.

30 Véase Doctrina y Convenios 115:7-16.

31 Véase Doctrina y Convenios, Sección 95.

31 Véase Doctrina y Convenios, Sección 95

32 Véase Doctrina y Convenios, Sección 109.

33 Véase Doctrina y Convenios 110:1-10.

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