¿Qué creen los mormones sobre la familia?
Los mormones creen que la familia es la unidad social básica y esencial sobre la tierra, y que la estructura y la función familiar tienen consecuencias eternas. No hay mejor trabajo que uno pueda hacer que el que se realiza dentro de las paredes del hogar. La doctrina mormona enseña que la familia también puede ser una unidad eterna, cuando sus miembros se atengan a los convenios realizados en santo templos mormones. En los templos, las parejas se casan por tiempo y eternidad, lo que significa que van a vivir juntos para siempre, si continúan siendo justos en esta vida.
Los de la religión mormona creen que antes de venir a la tierra para vivir con nuestras familias aquí, vivimos con nuestros Padres Celestiales—Padre y Madre Celestiales—quienes crearon nuestros espíritus. En el cielo, nos preparamos para venir a la tierra en el tiempo que el Señor estableció.
Jesucristo, bajo la dirección de nuestro Padre Celestial, creó la tierra para que sea nuestro hogar mortal. En este mundo físico se nos mandó a multiplicarnos y henchir la tierra. Los mormones creen que el Señor nos ha dado las normas directas e importantes que se aplican a los poderes de la procreación. Estos poderes, que los mormones creen que son sagrados, se deben utilizar sólo entre el hombre y la mujer, dentro de los lazos del matrimonio. El mormonismo afirma la importancia y la belleza suprema de la creación de las familias y la relación de igualdad entre marido y mujer.
Lo que los mormones creen es que Satanás está atacando a la familia de hoy y quiere que adoptemos una actitud despreocupada acerca de la procreación y las relaciones familiares. En verdad, el Señor ha puesto de manifiesto que las familias son de suma importancia y debemos hacer todo lo posible para prepararnos para nuestra futura familia o atesorar la que ya tenemos. El Señor bendecirá a los que luchan por la unidad y el amor familiar. Los mormones dedican sus mejores esfuerzos para crear hogares donde sus hijos pueden crecer y desarrollarse adecuadamente, prepararse para los retos de la vida y aprender a confiar en las promesas del Señor a los fieles.
La Iglesia Mormona adapta sus programas y actividades para mantener a la familia como una unidad eterna. Los líderes de la Iglesia alientan la oración en familia, leer las escrituras en familia, y la “noche de hogar”, una reunión familiar celebrada, por lo general, el lunes por la noche. La sana recreación y los programas de la iglesia se añaden a las actividades alentadas por la Iglesia.
La Iglesia ha publicado un documento, titulado La Familia: Una proclamación para el mundo, explicando la posición de la Iglesia sobre la familia. Este anuncio debe ser visto como la defensa del Señor de la familia, ya que las proclamaciones de la Iglesia comienzan con la revelación directa de Dios. La Iglesia apoya a los movimientos políticos y sociales que defienden la familia tradicional.
Para ver la información sobre la participación de la Iglesia con la polémica Proposición 8 de California, pulse aquí.
La Familia: Una Proclamación para el Mundo
La Primera Presidencia y el Consejo de los Doce Apóstoles de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días
Nosotros, la Primera Presidencia y el Consejo de los Doce Apóstoles de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, solemnemente proclamamos que el matrimonio entre el hombre y la mujer es ordenado por Dios y que la familia es la parte central del plan del Creador para el destino eterno de Sus hijos.
Todos los seres humanos, hombres y mujeres, son creados a la imagen de Dios. Cada uno es un amado hijo o hija espiritual de padres celestiales y, como tal, cada uno tiene una naturaleza y un destino divinos. El ser hombre o mujer es una característica esencial de la identidad y el propósito eternos de los seres humanos en la vida premortal, mortal y eterna.
En la vida premortal, los hijos y las hijas espirituales de Dios lo conocieron y lo adoraron como su Padre Eterno, y aceptaron Su plan por el cual obtendrían un cuerpo físico y ganarían experiencias terrenales para progresar hacia la perfección y finalmente cumplir su destino divino como herederos de la vida eterna. El plan divino de felicidad permite que las relaciones familiares se perpetúen más allá del sepulcro. Las ordenanzas y los convenios sagrados disponibles en los santos templos permiten que las personas regresen a la presencia de Dios y que las familias sean unidas eternamente.
El primer mandamiento que Dios les dio a Adán y a Eva tenía que ver con el potencial que, como esposo y esposa, tenían de ser padres. Declaramos que el mandamiento que Dios dio a Sus hijos de multiplicarse y henchir la tierra permanece inalterable. También declaramos que Dios ha mandado que los sagrados poderes de la procreación se deben utilizar sólo entre el hombre y la mujer legítimamente casados, como esposo y esposa.
Declaramos que la forma por medio de la cual se crea la vida mortal fue establecida por decreto divino. Afirmamos la santidad de la vida y su importancia en el plan eterno de Dios.
El esposo y la esposa tienen la solemne responsabilidad de amarse y cuidarse el uno al otro, y también a sus hijos. “He aquí, herencia de Jehová son los hijos” (Salmos 127:3) Los padres tienen la responsabilidad sagrada de educar a sus hijos dentro del amor y la rectitud, de proveer para sus necesidades físicas y espirituales, de enseñarles a amarse y a servirse el uno al otro, de guardar los mandamientos de Dios y de ser ciudadanos respetuosos de la ley dondequiera que vivan. Los esposos y las esposas, madres y padres, serán responsables ante Dios del cumplimiento de estas obligaciones.
La familia es ordenada por Dios. El matrimonio entre el hombre y la mujer es esencial para Su plan eterno. Los hijos tienen el derecho de nacer dentro de los lazos del matrimonio, y de ser criados por un padre y una madre que honran sus promesas matrimoniales con fidelidad completa. Hay más posibilidades de lograr la felicidad en la vida familiar cuando se basa en las enseñanzas del Señor Jesucristo. Los matrimonios y las familias que logran tener éxito se establecen y mantienen sobre los principios de la fe, la oración, el arrepentimiento, el perdón, el respeto, el amor, la compasión, el trabajo y las actividades recreativas edificantes. Por designio divino, el padre debe presidir sobre la familia con amor y rectitud y tiene la responsabilidad de protegerla y de proveerle las cosas necesarias de la vida. La responsabilidad primordial de la madre es criar a los hijos. En estas responsabilidades sagradas, el padre y la madre, como iguales, están obligados a ayudarse mutuamente. Las incapacidades físicas, la muerte u otras circunstancias pueden requerir una adaptación individual. Otros familiares deben ayudar cuando sea necesario.
Advertimos a las personas que violan los convenios de castidad, que abusan de su cónyuge o de sus hijos, o que no cumplen con sus responsabilidades familiares, que un día deberán responder ante Dios. Aún más, advertimos que la desintegración de la familia traerá sobre el individuo, las comunidades y las naciones las calamidades predichas por los profetas antiguos y modernos.
Hacemos un llamado a los ciudadanos responsables y a los representantes de los gobiernos de todo el mundo a fin de que ayuden a promover medidas destinadas a fortalecer la familia y mantenerla como base fundamental de la sociedad.
El presidente Gordon B. Hinckley leyó esta proclamación como parte de su mensaje en la Reunión General de la Sociedad de Socorro, el 23 de setiembre de 1995, en Salt Lake City, Utah, E.U.A.
Extraído de “La Familia: Una Proclamación para el Mundo”





